"19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen,f y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón". Mt 6.19-21
¿Cuan a menudo has oído decir a los cristianos, “Dios esta haciendo una cosa nueva en su iglesia?” La “cosa nueva ” a que ellos se refieren puede ser llamada avivamiento, un derramamiento del Espíritu Santo, una visitación, o un movimiento de Dios.
No obstante, muy a menudo, esta “cosa nueva” de Dios muere rápidamente. Y una vez que esta ha desaparecido, no puede ser hallada otra vez. En esta forma, esto prueba no ser un mover de Dios en lo absoluto. De hecho, los sociólogos cristianos han rastreado muchos de estas tan llamadas visitaciones. Han descubierto que en término medio el lapso de uno de estos eventos es más o menos cinco años. Personalmente, yo creo que Dios esta haciendo una nueva obra en su iglesia. Sin embargo, esta gran obra del Espíritu no puede ser hallada en un solo lugar. Esta ocurriendo a escala mundial. Y no tienes que viajar mucho para contemplarlo. Ciertamente, esta “nueva obra” de Dios puede estar tan cerca como la iglesia cercana. Hay un principio bíblico que gobierna cualquier verdadero mover de Dios. Encontramos este principio operando una y otra vez en ambos Testamentos. Ha sido probado cierto a través de siglos de historia de la iglesia. El principio es este: Dios no traerá ningún nuevo acontecimiento en su iglesia, hasta que él se deshace de lo viejo. Tal como Jesús lo dijo: el no pondrá vino nuevo en odres viejos.
¿Por qué es esto así? Se debe a que Dios tiene una controversia con la antigua obra en su iglesia. Ves, con cada nueva obra que él levanta, pasan solamente unas pocas generaciones antes que empiece a deslizarse la apatía y la hipocresía. Pronto el pueblo de Dios se vuelve idolatra, con corazones inclinados a la apostasía. Y eventualmente, Dios escoge pasar por encima de la antigua obra en su iglesia. Él la abandona completamente antes de iniciar lo nuevo. Este principio fue introducido por primera vez en Silo. Durante el tiempo de los Jueces, Dios estableció una obra santa en aquella ciudad. Silo era donde el santuario de Dios yacía, el centro de toda la actividad religiosa en Israel. El nombre Silo en sí mismo significa “aquello que pertenece al Señor.” Esto habla de cosas que representan a Dios y revelan su naturaleza y carácter. Silo fue el lugar donde Dios habló a su pueblo. Fue también donde Samuel escuchó la voz de Dios y donde el Señor le reveló su voluntad. No obstante, Elí fue el sumo sacerdote en Silo y sus dos hijos ministros en el santuario. Elí y sus hijos fueron perezosos y sensuales, totalmente consumidos por intereses personales. Durante su ministerio permitieron que el pecado craso entrara a la casa de Dios. Al pasar el tiempo, Silo llegó a ser corrupto. Pronto el pueblo de Dios se llenó de codicia, adulterio e hipocresía. Finalmente, el Señor dejó de hablar en Silo. En esencia, le dijo a Samuel: “Silo se ha corrompido tanto que ya no representa más quien yo soy. Esta casa dejó de ser mía. No la toleraré más. He terminado con esto.” Entonces, el Señor levantó su presencia del santuario y escribió sobre la puerta “Icabod,” que significa: “La gloria del Señor ha partido.”
En esta circunstancia, Silo murió, sin posibilidad de redimirse. No hubo esperanza de revivir la gloria pasada, ninguna esperanza de reformación. Dios estaba diciendo: “He entregado a Silo a la carne y yo me mudo. Estoy a punto de levantar una casa totalmente nueva.” ¿Cuál es la condición a que llega un pueblo, para que el Señor retire su presencia de ellos? Considera la escena en Silo: por años nadie en esa sociedad se puso en la brecha. Nadie se humilló a sí mismo, clamando en arrepentimiento: “Señor, no te apartes de nosotros.” En cambio, Dios solo vio un pueblo que estaba endurecido a la verdad. Estos israelitas observaban todos los rituales religiosos y dijeron todo lo que era correcto, pero sus corazones no estaban en ninguna de estas cosas. Todas sus obras fueron en la carne. El sacerdocio estaba mas allá de la redención. Elí, el sumo sacerdote, se había vuelto totalmente ciego a su propia apostasía. El y sus perversos hijos tenían que irse. Así el Señor se deshizo completamente de lo viejo. Y, una vez mas, él levantó una nueva obra. Después de esto, el templo en Jerusalén empezó a ser conocido como “La casa del Señor.” Por un tiempo, Dios habló allí a su pueblo. La casa se llenó con oración, la Palabra de Dios fue predicada y el pueblo de Dios presentó sacrificios de acuerdo a sus mandamientos. El templo en Jerusalén representaba quien era Dios, y él manifestó su presencia allí. De hecho, en una ocasión, su gloria lleno el templo tan poderosamente que los sacerdotes fueron incapaces de ministrar. Sin embargo, ese ministerio también cayó en decadencia. La corrupción se adueñó de la gente una vez más. Y el templo en Jerusalén ya no representaba mas a Dios.
Este ciclo ha marcado la historia del pueblo de Dios.
Solo toma una cuantas generaciones para que la nueva obra de Dios se degenere en apatía e hipocresía. ¿Por que es esto así? Casi siempre, esto ocurre porque aquellos en el ministerio son conducidos por la carne. La pasión roja y ardiente que hizo nacer la obra se desvanece. Y través del tiempo, el ministerio se vuelve una institución humana. Una rutina sin vida se establece. Los lideres que una vez fueron de oración ahora confían en la organización y habilidad carnal para mantener la obra en marcha. El Señor respondió a esta clase de compromiso en el tiempo de Jeremías.
Él envió al profeta a la puerta del templo para proclamar una palabra devastadora: “Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré habitar en este lugar”(Jeremías 7:3). Él estaba diciendo en otras palabras: “Esta obra se ha vuelto corrupta, y ahora la muerte esta a la puerta. Pero aun hay tiempo para salvarla. No quiero darle la espalda. Quiero quedarme contigo y moverme en medio tuyo. Pero para que eso ocurra, tienes que arrepentirte. Debes volver a tu primer amor.”
Luego el Señor añade, “No fíes en palabras de mentira, diciendo: ¡Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este!” (7:4). Dios había oído a la gente gritar, “El Señor no puede destruir este templo. Es su casa eterna. Es nuestra historia, nuestra tradición atrincherada. Mira a todos estos edificios majestuosos.
Ellos están en pie como un testimonio de Dios al mundo impío. El nunca abandonara lo que ha establecido aquí.” Pero el Señor respondió, “¿Qué acerca de sus contaminaciones? ¿Qué acerca de su rampante adulterio? Ustedes juran falsamente. Ustedes se inclinan a ídolos. Y han vuelto mi casa en una cueva de ladrones. Envié profetas para advertirles, pero ustedes no escucharon. Yo les hable, pero ustedes no oyeron. Los llame, pero no respondieron.” Ahora Dios les instruyo, “Id ahora a mi lugar en Silo, donde hice habitar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.” (7:12). Él estaba urgiendo, “Vengan, todos ustedes pastores, pastores y sacerdotes. Saquen sus Biblias, y vean por ustedes mismos como yo obro. Miren atrás a mi casa en Silo. Yo establecí aquella iglesia y puse mi nombre sobre ella. Pero la gente rechazó a mis profetas. Y a cambio, confiaron en sus propios caminos. Así que yo echaré fuera por completo lo antiguo.
“Ahora voy a hacerlo una vez más. Tú eres como Silo. Tú has permitido pecado y corrupción en mi casa. Te has vuelto tan degenerado en tus caminos, que ya no me representas. Mira en derredor: ¿quién esta parado en la brecha? ¿Quién esta clamando con un corazón arrepentido? Veo apatía y compromiso. Mi palabra claramente advierte que yo levante mi presencia de Silo. Y ahora me voy a alejar de ti. Estoy a punto de quitar mi gloria de en medio de ti.” “Haré también a esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo. Os echaré de mi presencia, como eché a todos vuestros hermanos, a toda la generación de Efraín.” (7:14:15). Una vez mas, Dios estaba diciendo: “La antigua obra esta acabada, terminada. Tu ya no me representas.
Yo ahora tendré un pueblo que me represente al mundo como yo verdaderamente soy. Yo tengo una cosa completamente nueva en mente.” El Señor terminó con esta declaración: “Tu, pues, no ores por este pueblo; ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.” (7:16). Él estaba diciendo: “No te molestes en orar por esta antigua obra. Esta muerta y desaparecida, mas allá de toda esperanza de revivir.”
Cristo vino al templo con una invitación y una advertencia.
Jesús se puso en pie en el ultimo templo e invito a todos a venir bajo sus misericordiosas alas de protección. Él llamó al ciego, al enfermo, al leproso, al pobre, al perdido, a todos a venir y encontrar sanidad y perdón. Pero la multitud religiosa rechazó su oferta. Así que Cristo testifico de ellos, “¡...No quisiste!” (Mateo 23:37).
Mientras leo esto, surge una pregunta: Aquí en el Nuevo Testamento, ¿Echara Dios una obra antigua de la misma manera que él hizo en el Antiguo? ¿Dios abandonaría la antigua obra y levantaría una nueva? ¿Echara fuera aquello que rechazo su oferta de gracia, misericordia, despertamiento?
Si, el lo haría. Jesús respondió a aquellos que lo rechazaron diciendo: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta” (23:38). Él les dijo: “Este templo es ahora vuestra casa, no la mía. La estoy dejando. Y yo dejo lo que ustedes han gastado y desertado.” Luego él añadió: “Os digo que desde ahora no volveréis a verme, hasta que digáis: ‘¡Bendito el que viene en el nombre del Señor.’” (23:39). Él les estaba declarando: “Mi gloria ya no esta en esta antigua obra. Yo ahora la he rechazado. Y lo que resta de su vida religiosa será conducida sin la presencia de Dios. Yo también entrego esta antigua obra a la carne. Tus pastores no serán hombres espirituales, sino ministros de la carne.”
Los discípulos no podían creer las palabras de Jesús. Ellos le urgieron, “Maestro, mira la magnificencia del templo, las asombrosas estructuras. Considera su historia, los siglos de tradición. No es posible que esto quede en ruinas. ¿Estas diciendo que todo terminó?” Jesús respondió, “Si, todo terminó. Esta antigua obra ha terminado. Esta muerta y desaparecida a mis ojos. Ahora, voy a hacer una nueva obra.” Piensa esto: aquí estuvo en pie la misericordia y gracia Encarnada, diciendo: “Esta cosa antigua ya no es mía. Ahora, la dejo totalmente desolada. No tiene ninguna posibilidad de ser revivida.” Entonces Jesús siguió adelante hasta Pentecostés, al principio de una nueva obra. Él estaba a punto de levantar una nueva iglesia, no una replica de la antigua. Y él la haría completamente nueva desde la fundación misma. Esta seria una iglesia de sacerdotes y gente nueva, todos nacidos de nuevo en él.
Mientras tanto, la antigua obra pasaría lentamente. Las multitudes todavía vendrían al templo a observar sus rituales muertos. Los pastores aun robarían a los pobres, los adúlteros pecarían a voluntad, la gente se deslizaría a la idolatría. Cada día, la antigua obra se volvería cada vez mas seca y débil. ¿Por qué preguntarías? La presencia de Dios ya no estaba allí.
Esto nos trae a la iglesia del día presente. Permíteme preguntarte: ¿Es lo que ves pasando en la iglesia hoy representativo de quien es Jesús? Considera todas las denominaciones y movimientos, todo lo asociado con el nombre de Cristo. ¿Es verdaderamente lo que estamos viendo la iglesia triunfante, la novia sin mancha de Cristo? ¿Revela esta a un mundo perdido la mismísima naturaleza de Dios? ¿Es esto lo mejor que el Espíritu de Dios puede producir en estos últimos días?
O, ¿Se ha convertido la iglesia moderna visible en la obra antigua? ¿Se ha vuelto corrupta balanceándose en el mismísimo borde de ser reemplazada por alguna nueva obra? En resumen, ¿hará Dios un cambio por ultima vez antes que Jesús regrese? ¿Abandonará él lo que se ha vuelto corrupto, y levantara, una iglesia gloriosa final?
Si, yo creo que él lo hará. Isaías nos dice, " He aquí, ya se cumplieron las cosas primeras y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré saber.” (Isaías 42:9).
La iglesia de hoy comenzó con una gloria que ninguna generación ha visto.
La iglesia que conocemos hoy comenzó con arrepentimiento. Cuando Pedro predicó la Cruz en Pentecostés, miles vinieron a Cristo. Esta nueva iglesia estaba formada de un cuerpo, consistiendo de todas las razas, llenos de amor los unos por los otros. Su vida corporal estaba marcada por evangelismo, un espíritu de sacrificio, aun el martirio. Este hermoso principio refleja las palabras de Dios en Jeremías: “Te plante vid escogida, simiente verdadera toda ella” (Jeremías 2:21). Sin embargo, las siguientes palabras del Señor describen lo que ocurre a tales obras: “¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?” (2:21). Dios estaba diciendo, “Yo te plante bien. Tu fuiste mía, llevando mi nombre y naturaleza. Pero ahora te has degenerado.” ¿Qué causo esta degeneración en la iglesia? Esto siempre ha sido, y seguirá siendo, la idolatría. Dios estaba hablando de idolatría cuando le dice a Jeremías, “Mi pueblo a cambiado su gloria por lo que no aprovecha.”(2:11). La idolatría desoló Silo, desoló el templo, y ha ensuciado la iglesia hoy. Siempre es la causa raíz detrás de que Dios deje la antigua obra y comience una nueva.
En Ezequiel 14, ciertos ancianos vinieron al profeta para inquirir del Señor. Ellos querían saber, “¿Qué esta diciendo Dios a su pueblo hoy?” Pero el Señor dijo a Ezequiel, “Estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he ser yo en modo alguno consultado por ellos?” (Ezequiel 14:3). Él estaba diciendo, en otras palabras: “Ellos han venido aquí como si realmente estuvieran buscándome. Pero están ocultando malvados ídolos en sus corazones. ¿Por qué debería responderles?” La mayoría de la enseñanza cristiana hoy identifica un ídolo como algo que esta entre el pueblo de Dios y el mismo. Es aquello que nos aleja de él. Sin embargo, esa es solo una descripción parcial de la idolatría. Después de todo, los ancianos que se acercaron a Ezequiel no fueron alejados por sus ídolos. La idolatría tiene que ver con un asunto mucho más profundo del corazón. La verdad es, que la idolatría puede andar rampante en la casa de Dios pero permanecer totalmente sin ser vista. Eso es lo que el Señor quiso decir cuando dijo que estos ancianos tenían un “tropiezo de maldad delante de su rostro” (Ezequiel 14:3). El tropiezo de maldad es cualquier doctrina que justifica un ídolo. Y este ciega al pueblo de Dios a su pecado.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido en la iglesia hoy. El ídolo numero uno entre el pueblo de Dios no es el adulterio, pornografía o alcohol. Es una lujuria mucho mas poderosa. ¿Cuál es este ídolo? Es una violenta ambición por éxito. Y hasta tiene una doctrina para justificarla. La idolatría de ser exitoso describe a muchos en la casa de Dios hoy. Estas personas son rectas, moralmente limpias, llenas de buenas obras. Pero ellos han puesto un ídolo de ambición en sus corazones, y no pueden sacudirlo. Trágicamente, este era el mismo espíritu que controlaba detrás de Baal y Moloc: prosperidad y éxito. Y hoy este espíritu ha contaminado el evangelio de Jesucristo a escala mundial. Este se presenta como un espíritu de bendición, pero es una perversión de la bendición que Dios se propone para su iglesia. Y esta haciendo naufragar la fe de millones. Este espíritu también tiene sabor a postmodernismo. Una de las doctrinas del postmodernismo es que la comunidad te otorga tu propósito y valor. Poniéndolo simple, tu éxito y aceptación son medidos por los estándares del mundo. Como un resultado, muchos cristianos miden su valor propio por su carrera, sus posesiones, y su cheque de pago.
Ahora la teología posmodernista esta introduciéndose en el liderazgo de la iglesia. Los pastores y evangelistas están creyendo la mentira que sus colegas determinan cuan exitosos ellos son. Esta es la razón por la cual el éxito en el trabajo de la iglesia se ha convertido en tener asistencia masiva, grandes edificios y un grueso presupuesto. Y esta es la razón por la cual ministros son impulsados a empujarse a sí mismos y a sus congregaciones a lograr estas cosas. Yo les digo, esta no es la iglesia que Jesucristo viene a buscar para tomar como su esposa. Esta institución posmodernista, materialista, dirigida por la carne se ha vuelto vieja y corrupta. Y esta en las garras de la muerte ahora mismo. Muchos pastores jóvenes por todo el mundo sienten esto. Ellos están hartos con la vieja obra, con sus altercados y sus peleas internas de denominaciones. Ellos no quieren nada que ver con esto. Ellos han rechazado el impulso por la grandeza y notoriedad. En cambio, ellos están volviendo a la centralidad de Cristo, regresando a buscar a Dios, regresando a tener hambre por la verdad. Y ellos sienten una nueva obra en el aire.
¿Cuál es esa nueva obra que Dios esta haciendo en su iglesia?
“He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a la luz, yo os las haré notorias.” (Isaías 42:9).
Dios esta a punto de hacer una cosa nueva. Y esta nueva obra será tan gloriosa, que hará que su pueblo le alabe como nunca antes: “Cantad a Jehová un nuevo cántico su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en el, las costas y los moradores de ellas” (42:10). Dios nos esta diciendo, “Que todo mi pueblo a escala mundial cante mis alabanzas. Déjenme oír una nueva canción de los marineros en el mar, de mi pueblo en cada nación, de todas las tierras del mundo.”
Sabemos que en estos últimos días, Satanás esta descendiendo a la tierra con una rabia feroz (ver Apocaplipsis12:12). Él esta lleno de una gran ira porque él sabe que su tiempo es corto. Y él va a vomitar una inundación de iniquidad sobre la iglesia. Pero Dios declara: “Deja que mi pueblo sepa que el León de Judá esta descendiendo, con todo el poder del cielo. ¡El Redentor viene a Sión!”
No pienses ni por un momento que Dios permitirá que Satanás tome el control de la iglesia y asole a sus hijos. Las puertas del infierno no prevalecerán contra el cuerpo de Cristo. Y yo creo que Dios esta en camino a Sión ahora mismo para visitar a su pueblo. Tal como él lo hizo con Sodoma, el Señor viene a purificar. Y este tiempo de purificación comenzara con su iglesia. Ahora mismo, el Señor esta comenzando a quemar la paja en su casa. Y va hacer una nueva obra. La Escritura nos dice, “Jehová saldrá como un gigante y como el de un guerrero despertará su celo; gritará, dará su grito de guerra, prevalecerá sobre sus enemigos.” (Isaías 42:13). ¿Por qué viene Jesús con tan poderoso rugido? ¿Y que estará gritando en alta voz? Él gritara de celos sobre su pueblo. Ves, nuestro Señor esta en un estado de celos sobre su iglesia ahora mismo. Y aquí esta su grito celoso: “Por mucho tiempo, he callado, he guardado silencio, y me he frenado; ahora daré voces como la que esta de parto; asolare y devoraré juntamente” (42:14).
¿Qué significa esto? ¿Por que gritara Jesús como la que esta de parto? El Señor nos esta diciendo que esta a punto de dar a luz algo nuevo. Mientras Satanás esta alborotado engañando a multitudes, Dios esta diciendo a su pueblo, “Una cosa nueva, y santa esta por nacer bajo las narices de Satanás. Esta es una iglesia que el no puede engañar. Es la iglesia prevaleciente aquella sin mancha ni arruga.” Hasta ahora, el Señor a estado en silencio. Él ha reprimido su ira mientras falsas doctrinas, falsos profetas, y lobos vestidos de ovejas han hecho naufragar a multitudes en el cuerpo de Cristo. Pero ahora Dios esta dando a conocer su voz. Él nos esta diciendo:
“Los pastores han convertido mi casa en una cueva de iniquidad. Sin embargo, yo he callado. Predicadores materialistas han corrompido mi iglesia por todo el mundo con doctrinas abominables. Sin embargo, yo he permanecido quieto. Yo he permanecido silencioso mientras que la mega- iglesias han quitado la ofensa de la Cruz de sus congregaciones. Me he reprimido mientras pastores complacientes han permitido a comediantes y el espectáculo traer liviandad y frivolidad dentro de mi casa santa.
“¡Pero no mas! Ahora yo estoy conmovido. Y voy a ir a mi casa, para limpiarla antes que regrese por mi novia. Les advierto, vengo a ustedes con un celo santo. Y yo voy a destruir todas estas falsas doctrinas. Yo quebraré a cada ladrón y ratero que han llenado mis pulpitos. Yo secare todas sus fuentes y causare que sus ríos de dinero se sequen.” “Convertiré en soledad montes y collados, haré secar toda su hierba; los ríos tornare en islas, y secare los estanques.... Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses” (Isaías 42:15,17).
Amado, esta es la cosa nueva que Dios esta haciendo en su iglesia. Él esta diciendo: “Yo destruiré y devoraré a todo ministro que es de la carne, bombo y materialismo. Y levantare pastores conforme a mi propio corazón, siervos fieles que me conocen. Yo destruiré todo evangelio falso, y confundiré y avergonzaré a cada maestro falso.
“Sin embargo, yo no abandonare a aquellos millones de gentes sinceras que fueron engañadas por falsas doctrinas. Ellos no sabían. Y ahora oirán mi evangelio puro. Cuando lo escuchen, se arrepentirán y se avergonzarán del evangelio superficial y frívolo que los descarrió. Yo los guiare a la verdad.” “Guiare a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiare las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desamparare” (42:16). ¡Que increíble promesa! Ahora vemos porque Isaías profetiza: “Alcen la voz el desierto y sus ciudades... y desde las cumbres de los montes den voces de jubilo. Den gloria a Jehová, y anuncien sus loores en las costas” (42:11-12). Querido santo, Dios esta haciendo una cosa nueva ahora mismo. Él esta llamando a su pueblo una vez mas a que abandone todo ídolo y hacer su habitación en la Roca, Jesucristo. Les animo, prepárate para obedecer, su clamor: “¡Que los habitantes de la Roca canten!”
domingo, 12 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
APRENDAMOS A MIRAR LAS COSAS COMO DIOS LAS MIRA
“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé,b nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, 14sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. 15Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios.
16Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. 2 Corintios 4:13-18
Cuando todas las cosas nos van bien, no hay dificultad, pero cuando los problemas nos asedian nuestra perspectiva correcta se pierde.
Todo va bien y es luz, las cosas van mal y es oscuridad. No vemos nada, ni la salida a nuestro problema.
Pero Dios quiere enseñarnos a mirar las cosas desde otro punto de vista, no desde la perspectiva del mundo, sino desde la perspectiva de Dios. Isa. 50: 10
PARA ESO NECESITAMOS LA FE: (Hebreos 11:1)
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Fe es la certeza de lo que esperas, la convicción de lo que no se ve. Convicción es estar persuadido de algo. Convencido de algo que no estás viendo en este momento.
Dios quiere enseñarnos a mirar las cosas desde su punto de vista.
a) Dios no quiere que mires según la apariencia. 2ª Corintios 10:7; 1ª Cor. 7:31
Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo.
b) Dios quiere que mires las cosas que no se ven. 2ª Corintios 4:18; Abraham. Gen. 15:5-6
"que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados". 2 Cor. 4: 7-11
Dios quiere que miremos con los ojos de la fe y no con los ojos carnales.
VEAMOS ALGUNOS EJEMPLOS:
Josafat: 2º Crónicas 20:1, 2, 15-18
Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra. 2Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es En-gadi.
“No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros.”
Josafat era un rey que tenía temor de Dios y un corazón dispuesto. Al igual que muchos creyentes en este tiempo.
En un momento se vio rodeado de enemigos poderosos que querían su destrucción. Al igual que muchos creyentes en este tiempo, en un momento nos vemos rodeados de problemas que quieren destruir nuestras vidas.
El profeta le dijo de parte de Dios: “No temáis ni os amedrentéis... paraos, estad quietos y ved la salvación de Jehová...no temáis ni desmayéis...”
Ve la salvación que aún no ha ocurrido, ve la salvación aunque todavía estén los ejércitos enemigos rodeando tu vida para destruirte. Sal. 34: 1-10
El Señor Jesucristo y la hija de Jairo: Lucas 8:52-54
“Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme. Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. Mas él, tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate”. El mundo y los cristianos sin fe siempre verán el lado negativo de los problemas, pero el señor Jesús nos enseña que existe una alternativa ante la desgracia.
a) La gente la veía muerta, pero el Señor la veía dormida.
b) El mundo y los cristianos sin fe siempre se burlaran ante la perspectiva del cristiano de fe. 2 Cor. 5: 7;
Rom. 4: 18-21; Sal. 91:14 -16
Eliseo y su siervo: (2º Reyes 6:15-17)
Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
El ejercito enemigo había rodeado la ciudad y el siervo se asomó a la ventana y vio la adversidad que le rodeaba. Eliseo le dijo que no tuviera temor, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y así es siempre: Cristo y uno de sus hijos, SIEMPRE son mayoría. Amen
Y oró: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea”.
Por lo general, la obra del Señor, no es visible físicamente, porque quiere que caminemos en fe. 2ª Cor. 5:7; Jn. 20:29. “...bienaventurados los que no vieron, y creyeron.” LA FE ALUMBRA EL CAMINO QUE DIOS ESTA TRAZANDO” y entonces caminamos como Moisés: Heb. 11:27. “Como viendo al invisible”
Y podemos caminar plenamente seguros en medio del peligro y la adversidad, porque El esta con nosotros. Sal. 33: 18-19; Isa. 43: 1-2. Pablo, el apóstol veía como Dios ve, aun en medio de un ciclón devastador. Hech. 27: 21-25. Dios no hizo, nada sobrenatural, no envió un ángel, el barco se estaba deshaciendo, ni siquiera calmaba la tormenta, pero Pablo veía la mano de Dios, tomando el control de todo para llevarlos a lugar seguro, de acuerdo a su palabra. Hech. 27: 42-44. Así es también con nosotros, El es nuestro Dios, que nos salva, sana, provee y libera. Amen
Cuando no se tiene la perspectiva de Dios o no se ven los problemas y adversidad desde la lente de Dios nos llenamos de temor. “...¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?...”
Cuando no se tiene la perspectiva de Dios no se sabe que hacer. Heb. 12: 2; Jer. 33:3; Sal. 37:39-40, 5
CONFIESA LA PALABRA DE DIOS:
2ª Corintios 4:13-18. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos....”no mirando nosotros las cosas que se ven, SINO LAS QUE NO SE VEN”. Aleluya, amen. Sal. 34:8; Sal. 34:5; Isa. 50: 10
Creí por lo cual hable. Creemos por lo cual hablamos. Sal. 30:2-3; Jn. 11:40; Sal. 40: 1-3; Jer. 29: 11-14; Rom. 8:28, 31
En Conclusión:
Si has estado viendo el problema o los problemas que estás viviendo desde otra perspectiva que no sea la de Dios, negativa y sin encontrar salida: Ve desde hoy, como Dios ve
“Ora al Señor y pidele que abra tus ojos para que veas, Su obra, Su poder, Sus maravillas, Su gloria. AMEN
Jn. 11: 40. ¿“NO TE HE DICHO QUE SI CREES, VERAS LA GLORIA DE DIOS”?
16Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. 2 Corintios 4:13-18
Cuando todas las cosas nos van bien, no hay dificultad, pero cuando los problemas nos asedian nuestra perspectiva correcta se pierde.
Todo va bien y es luz, las cosas van mal y es oscuridad. No vemos nada, ni la salida a nuestro problema.
Pero Dios quiere enseñarnos a mirar las cosas desde otro punto de vista, no desde la perspectiva del mundo, sino desde la perspectiva de Dios. Isa. 50: 10
PARA ESO NECESITAMOS LA FE: (Hebreos 11:1)
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Fe es la certeza de lo que esperas, la convicción de lo que no se ve. Convicción es estar persuadido de algo. Convencido de algo que no estás viendo en este momento.
Dios quiere enseñarnos a mirar las cosas desde su punto de vista.
a) Dios no quiere que mires según la apariencia. 2ª Corintios 10:7; 1ª Cor. 7:31
Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo.
b) Dios quiere que mires las cosas que no se ven. 2ª Corintios 4:18; Abraham. Gen. 15:5-6
"que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados". 2 Cor. 4: 7-11
Dios quiere que miremos con los ojos de la fe y no con los ojos carnales.
VEAMOS ALGUNOS EJEMPLOS:
Josafat: 2º Crónicas 20:1, 2, 15-18
Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra. 2Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es En-gadi.
“No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros.”
Josafat era un rey que tenía temor de Dios y un corazón dispuesto. Al igual que muchos creyentes en este tiempo.
En un momento se vio rodeado de enemigos poderosos que querían su destrucción. Al igual que muchos creyentes en este tiempo, en un momento nos vemos rodeados de problemas que quieren destruir nuestras vidas.
El profeta le dijo de parte de Dios: “No temáis ni os amedrentéis... paraos, estad quietos y ved la salvación de Jehová...no temáis ni desmayéis...”
Ve la salvación que aún no ha ocurrido, ve la salvación aunque todavía estén los ejércitos enemigos rodeando tu vida para destruirte. Sal. 34: 1-10
El Señor Jesucristo y la hija de Jairo: Lucas 8:52-54
“Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme. Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. Mas él, tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate”. El mundo y los cristianos sin fe siempre verán el lado negativo de los problemas, pero el señor Jesús nos enseña que existe una alternativa ante la desgracia.
a) La gente la veía muerta, pero el Señor la veía dormida.
b) El mundo y los cristianos sin fe siempre se burlaran ante la perspectiva del cristiano de fe. 2 Cor. 5: 7;
Rom. 4: 18-21; Sal. 91:14 -16
Eliseo y su siervo: (2º Reyes 6:15-17)
Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
El ejercito enemigo había rodeado la ciudad y el siervo se asomó a la ventana y vio la adversidad que le rodeaba. Eliseo le dijo que no tuviera temor, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y así es siempre: Cristo y uno de sus hijos, SIEMPRE son mayoría. Amen
Y oró: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea”.
Por lo general, la obra del Señor, no es visible físicamente, porque quiere que caminemos en fe. 2ª Cor. 5:7; Jn. 20:29. “...bienaventurados los que no vieron, y creyeron.” LA FE ALUMBRA EL CAMINO QUE DIOS ESTA TRAZANDO” y entonces caminamos como Moisés: Heb. 11:27. “Como viendo al invisible”
Y podemos caminar plenamente seguros en medio del peligro y la adversidad, porque El esta con nosotros. Sal. 33: 18-19; Isa. 43: 1-2. Pablo, el apóstol veía como Dios ve, aun en medio de un ciclón devastador. Hech. 27: 21-25. Dios no hizo, nada sobrenatural, no envió un ángel, el barco se estaba deshaciendo, ni siquiera calmaba la tormenta, pero Pablo veía la mano de Dios, tomando el control de todo para llevarlos a lugar seguro, de acuerdo a su palabra. Hech. 27: 42-44. Así es también con nosotros, El es nuestro Dios, que nos salva, sana, provee y libera. Amen
Cuando no se tiene la perspectiva de Dios o no se ven los problemas y adversidad desde la lente de Dios nos llenamos de temor. “...¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?...”
Cuando no se tiene la perspectiva de Dios no se sabe que hacer. Heb. 12: 2; Jer. 33:3; Sal. 37:39-40, 5
CONFIESA LA PALABRA DE DIOS:
2ª Corintios 4:13-18. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos....”no mirando nosotros las cosas que se ven, SINO LAS QUE NO SE VEN”. Aleluya, amen. Sal. 34:8; Sal. 34:5; Isa. 50: 10
Creí por lo cual hable. Creemos por lo cual hablamos. Sal. 30:2-3; Jn. 11:40; Sal. 40: 1-3; Jer. 29: 11-14; Rom. 8:28, 31
En Conclusión:
Si has estado viendo el problema o los problemas que estás viviendo desde otra perspectiva que no sea la de Dios, negativa y sin encontrar salida: Ve desde hoy, como Dios ve
“Ora al Señor y pidele que abra tus ojos para que veas, Su obra, Su poder, Sus maravillas, Su gloria. AMEN
Jn. 11: 40. ¿“NO TE HE DICHO QUE SI CREES, VERAS LA GLORIA DE DIOS”?
domingo, 5 de junio de 2011
¿CRISTIANOS VENCEDORES Y CRISTIANOS VENCIDOS?
¿Acaso existe un Cristo vencedor y uno vencido?, ¡DE NINGUNA MANERA!. Solo un Cristo quien es la cabeza, solo una iglesia que es el cuerpo y la amada esposa, redimida por la sangre del Hijo, escogida por la soberanía del Padre y la cual persevera por el poder de el Espíritu... Dios se queda con la gloria, nosotros con la gracia...Erick Carrillo
Digamoslo de una vez, esta es una doctrina, no heretica, es satanica, es totalmente antibiblica, y esta arrastrando a muchas almas al infierno, almas que han decidido creer que pueden vivir como se les de la gana, pecando cinicamente, y asistiendo cada domingo a la iglesia solo a darse golpes de pecho, para calmar su conciencia, y volver de nuevo en la semana a su vida de pecado e indiferentes hacia Dios y Su Palabra, creyendo que total, ya son salvos y al final iran al cielo. !!!FALSO!!!. Abran los ojos, por favor, les han engañado vilmente.
La Biblia, en contexto, enseña que la persona que en realidad es salva perseverará y vencerá como consecuencia natural de su salvación. He aquí algunos pasajes que corroboran esto:
“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo” (2 Jn. 9).
Entonces, ¿qué sucedió con aquellos que luego de un tiempo, tal vez años, volvieron al mundo abandonando completamente la fe? De acuerdo con la Biblia es muy posible que nunca fueran salvos. Podrán haber estado vinculados estrechamente con el cristianismo, pero en realidad nunca creyeron (1 Jn. 2:19). Hay una diferencia entre reformación temporaria y regeneración permanente. Nosotros podemos ver sólo las apariencias, pero Dios conoce el corazón (1 S. 16:7). Desde el punto de vista de Dios, la persona una vez salva es siempre salva.
“Salvo siempre salvo”: ¿Permiso para pecar?
¿Quiere decir esto que si usted es salvo, puede entonces vivir la vida que quiera y practicar el pecado sin temor de ninguna consecuencia? En ninguna manera. Atendamos a las palabras de Pablo: “Porque vosotros hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne…” (Gá. 5:13).
En verdad, si la persona es un verdadero hijo o hija de Dios, al volver a una vida de pecado se arriesga en gran medida a la disciplina de Dios. Hebreos 12:8 dice lo siguiente: “Pero si os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”. Cuando la persona vuelve a una vida de pecado luego de haber estado asociada con las cosas de Dios y permanece un largo tiempo en su rebelión aparentemente sin mayores problemas, razones hay para pensar que nunca fue salvo en primer lugar.
Primera de Corintios 11 nos muestra que ciertos cristianos que vivían en pecado estaban enfermos y debilitados, y otros ya habían muerto a causa de ello (vv. 28-30). El capítulo 5 de la misma epístola habla de un cristiano viviendo en serio pecado. Pablo expresa lo siguiente con respecto a éste: “El tal sea entregado a Satanás para la destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Co. 5:5).
Examinando los frutos de una vida
“Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”. Estas son palabras del apóstol Juan en su primera carta (3:19). Esto no significa que el cristiano no pueda pecar, sino que no hará del pecado un estilo de vida. Si un cordero y un cerdo caen en el lodo, las actitudes de ambos serán muy diferentes. El cordero va a querer salir y eventualmente lo hará, pero el cerdo permanecerá allí muy cómodo. Lo mismo es con la persona que realmente ha sido regenerada por el Espíritu de Dios y la que sólo presentó la apariencia de ser cristiana pero nunca fue salva.
Algunos comentarios fueron tomados del articulo "¿Es posible perder la salvacion? escrito por el Hno. Pablo Santomauro
Digamoslo de una vez, esta es una doctrina, no heretica, es satanica, es totalmente antibiblica, y esta arrastrando a muchas almas al infierno, almas que han decidido creer que pueden vivir como se les de la gana, pecando cinicamente, y asistiendo cada domingo a la iglesia solo a darse golpes de pecho, para calmar su conciencia, y volver de nuevo en la semana a su vida de pecado e indiferentes hacia Dios y Su Palabra, creyendo que total, ya son salvos y al final iran al cielo. !!!FALSO!!!. Abran los ojos, por favor, les han engañado vilmente.
La Biblia, en contexto, enseña que la persona que en realidad es salva perseverará y vencerá como consecuencia natural de su salvación. He aquí algunos pasajes que corroboran esto:
“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo” (2 Jn. 9).
Entonces, ¿qué sucedió con aquellos que luego de un tiempo, tal vez años, volvieron al mundo abandonando completamente la fe? De acuerdo con la Biblia es muy posible que nunca fueran salvos. Podrán haber estado vinculados estrechamente con el cristianismo, pero en realidad nunca creyeron (1 Jn. 2:19). Hay una diferencia entre reformación temporaria y regeneración permanente. Nosotros podemos ver sólo las apariencias, pero Dios conoce el corazón (1 S. 16:7). Desde el punto de vista de Dios, la persona una vez salva es siempre salva.
“Salvo siempre salvo”: ¿Permiso para pecar?
¿Quiere decir esto que si usted es salvo, puede entonces vivir la vida que quiera y practicar el pecado sin temor de ninguna consecuencia? En ninguna manera. Atendamos a las palabras de Pablo: “Porque vosotros hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne…” (Gá. 5:13).
En verdad, si la persona es un verdadero hijo o hija de Dios, al volver a una vida de pecado se arriesga en gran medida a la disciplina de Dios. Hebreos 12:8 dice lo siguiente: “Pero si os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”. Cuando la persona vuelve a una vida de pecado luego de haber estado asociada con las cosas de Dios y permanece un largo tiempo en su rebelión aparentemente sin mayores problemas, razones hay para pensar que nunca fue salvo en primer lugar.
Primera de Corintios 11 nos muestra que ciertos cristianos que vivían en pecado estaban enfermos y debilitados, y otros ya habían muerto a causa de ello (vv. 28-30). El capítulo 5 de la misma epístola habla de un cristiano viviendo en serio pecado. Pablo expresa lo siguiente con respecto a éste: “El tal sea entregado a Satanás para la destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Co. 5:5).
Examinando los frutos de una vida
“Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”. Estas son palabras del apóstol Juan en su primera carta (3:19). Esto no significa que el cristiano no pueda pecar, sino que no hará del pecado un estilo de vida. Si un cordero y un cerdo caen en el lodo, las actitudes de ambos serán muy diferentes. El cordero va a querer salir y eventualmente lo hará, pero el cerdo permanecerá allí muy cómodo. Lo mismo es con la persona que realmente ha sido regenerada por el Espíritu de Dios y la que sólo presentó la apariencia de ser cristiana pero nunca fue salva.
Algunos comentarios fueron tomados del articulo "¿Es posible perder la salvacion? escrito por el Hno. Pablo Santomauro
miércoles, 26 de enero de 2011
Ayudando a los debiles
Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Mateo 23.4
El conocido pensador cristiano, Francis Schaeffer, observó en cierta oportunidad: «La ortodoxia bíblica sin compasión tiene que ser una de las cosas más desagradables sobre la faz de la tierra».
Algunos comentaristas señalan que los fariseos poseían una lista de 630 reglamentos necesarios para vivir una vida agradable a Dios. El peso de semejante cantidad de leyes, lejos de animar al pueblo a buscar el rostro de Dios, había llevado a que la mayoría sintiera que la vida espiritual era para un pequeño puñado de personas selectas.
El problema principal de los fariseos no estaba, sin embargo, en la cantidad de sus reglamentos aunque, por cierto, estos entorpecían grandemente a quienes aspiraban a cultivar una vida espiritual. La esencia del problema era el estilo que habían adoptado para enseñar estos preceptos al pueblo. Creían que su responsabilidad principal era simplemente la de decirle al pueblo lo que tenía que hacer.
¡Cuántos pastores ministran con la misma convicción! Viven arengando al pueblo para que haga esto, eso, o aquello otro. Sus enseñanzas y predicaciones son una interminable serie de exhortaciones a cumplir con diferentes responsabilidades. En tales circunstancias, no ha de sorprendernos que el pueblo se siente agobiado y frustrado.
La verdad es que la mayoría de los que somos parte de la iglesia ya sabemos cuáles son nuestras responsabilidades. ¿Dónde está el creyente que, luego de años de asistir a reuniones, todavía no se ha enterado de que debe amar a su prójimo, leer la Palabra, compartir su fe o dedicar más tiempo a la oración? ¿Quién de entre nosotros encuentra novedosa una predicación que nos exhorta a ser generosos en el servicio, la adoración, o la ofrenda?
El error en esta visión es creer que el pueblo se moviliza simplemente con exhortaciones. El exceso de exhortaciones acaba por atar cargas pesadas a los hombros de la gente. La responsabilidad de todo pastor no es únicamente exhortar. También debe estar dispuesto a acompañar al pueblo en el intento de implementar lo que le ha animado a hacer.
El buen pastor exhorta, pero también se pone a la par de su gente y les ayuda a vivir conforme a la Verdad. Esto es lo que hizo nuestro propio pastor, Jesucristo. Animó a los discípulos a caminar en ciertas verdades; pero también se puso al lado de ellos y les mostró cómo hacerlo. Cuando volvió al Padre, convocó al Espíritu para continuar con esta tarea. Su mismo nombre, paracletos, indica que es uno llamado a ponerse a la par de otros para asistirles en su debilidad.
Esto marca la diferencia entre un pastor de púlpito y un pastor con «olor» a ovejas. El primero solamente exhorta. La gente que está con él se siente frustrada, porque necesita quién les muestre el camino a seguir. El segundo, pasa tiempo acompañando, mostrando y corrigiendo al pueblo, para que aprenda cómo caminar con el Rey.
El conocido pensador cristiano, Francis Schaeffer, observó en cierta oportunidad: «La ortodoxia bíblica sin compasión tiene que ser una de las cosas más desagradables sobre la faz de la tierra».
Algunos comentaristas señalan que los fariseos poseían una lista de 630 reglamentos necesarios para vivir una vida agradable a Dios. El peso de semejante cantidad de leyes, lejos de animar al pueblo a buscar el rostro de Dios, había llevado a que la mayoría sintiera que la vida espiritual era para un pequeño puñado de personas selectas.
El problema principal de los fariseos no estaba, sin embargo, en la cantidad de sus reglamentos aunque, por cierto, estos entorpecían grandemente a quienes aspiraban a cultivar una vida espiritual. La esencia del problema era el estilo que habían adoptado para enseñar estos preceptos al pueblo. Creían que su responsabilidad principal era simplemente la de decirle al pueblo lo que tenía que hacer.
¡Cuántos pastores ministran con la misma convicción! Viven arengando al pueblo para que haga esto, eso, o aquello otro. Sus enseñanzas y predicaciones son una interminable serie de exhortaciones a cumplir con diferentes responsabilidades. En tales circunstancias, no ha de sorprendernos que el pueblo se siente agobiado y frustrado.
La verdad es que la mayoría de los que somos parte de la iglesia ya sabemos cuáles son nuestras responsabilidades. ¿Dónde está el creyente que, luego de años de asistir a reuniones, todavía no se ha enterado de que debe amar a su prójimo, leer la Palabra, compartir su fe o dedicar más tiempo a la oración? ¿Quién de entre nosotros encuentra novedosa una predicación que nos exhorta a ser generosos en el servicio, la adoración, o la ofrenda?
El error en esta visión es creer que el pueblo se moviliza simplemente con exhortaciones. El exceso de exhortaciones acaba por atar cargas pesadas a los hombros de la gente. La responsabilidad de todo pastor no es únicamente exhortar. También debe estar dispuesto a acompañar al pueblo en el intento de implementar lo que le ha animado a hacer.
El buen pastor exhorta, pero también se pone a la par de su gente y les ayuda a vivir conforme a la Verdad. Esto es lo que hizo nuestro propio pastor, Jesucristo. Animó a los discípulos a caminar en ciertas verdades; pero también se puso al lado de ellos y les mostró cómo hacerlo. Cuando volvió al Padre, convocó al Espíritu para continuar con esta tarea. Su mismo nombre, paracletos, indica que es uno llamado a ponerse a la par de otros para asistirles en su debilidad.
Esto marca la diferencia entre un pastor de púlpito y un pastor con «olor» a ovejas. El primero solamente exhorta. La gente que está con él se siente frustrada, porque necesita quién les muestre el camino a seguir. El segundo, pasa tiempo acompañando, mostrando y corrigiendo al pueblo, para que aprenda cómo caminar con el Rey.
sábado, 30 de octubre de 2010
Adoracion verdadera
En varias ocasiones he leído diversos artículos, escritos, notas, comentarios, etc. que llevan como título “La verdadera adoración”, sin embargo en casi todos ellos encuentro algunos detalles que me llaman poderosamente la atención, y es la creencia (yo también la tuve por mucho tiempo) de que adoración es de alguna forma sinónimo de alabar y tiene que ver directamente con alguna situación musical. Otro detalle es la creencia de que la adoracion a Dios se da durante el culto que realizamos en el templo, cantando canciones con ritmo lento, suave, alzando las manos, con los ojos cerrados, derramando algunas lagrimas, cantando cantos que incluyen en sus letras la palabra adorar, postrarse, etc. como: “Quiero llenar tu trono de alabanza, quiero llenar tu trono de adoracion, quiero adorar postrado en tu presencia”, o “Venimos ante ti Señor, para adorate, para exaltarte mi rey”, o “hay una fuente en mi… es un rio de alabanza y de adoracion”, en fin la lista podría ser larguísima. Y por ultimo, que muchos creen que después de cantar esos cantos descritos anteriormente se debe hablar en lenguas porque eso es la “verdadera adoracion”.
No cabe duda que la falta de conocimiento en cualquier esfera conduce a la ignorancia. A los surgimientos de filosofías o mitologías que conducen al error.
El vocablo adoracion hoy en dia, es popular en nuestro lenguaje cristiano, lo usamos envuelto en un disfraz espiritual. Evitando al creyente tener un compromiso y una revelación de Dios en su vida.
Pero una vez mas, yo me pregunto, ¿Por qué siendo la Biblia tan clara sobre este tema de la adoracion, acabamos siempre asegurando y creyendo cosas que no se acercan ni tantito a la verdad bíblica? O ¿Por qué aseguramos y creemos, como si eso fuera todo, algo que no es sino solo una parte de la verdad bíblica?
La verdadera adoración no la define el hombre, la define Dios. Como cristianos tenemos la obligación moral y espiritual de ir a la Biblia que es la fuente de la sabiduría divina, para aprender y entender que es adoración.
Adorar no es una acción determinada, sino el conjunto de varias acciones o actitudes que le dan el sentido real a la misma. Puede verse como un rompecabezas en el que hasta no agregar la última pieza, no estará claro el paisaje o figura. Así es la adoración, los elementos que la forman deben ser agregados en su totalidad, para que sea perfecta.
Adoración es un encuentro con la Majestad de Dios, como resultado de una íntima relación con Él; si somos verdaderos adoradores, nunca abandonaremos la presencia gloriosa de Dios.
Miqueas 6:6-8 dice: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? 8Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”.
Una primera condición esencial para la adoracion es un conocimiento personal de Dios y sus atributos divinos (lo cual incluye que solo los hijos de Dios pueden adorarle en espíritu y verdad). Una segunda condicion es la sumisión total a El. Una tercera es que sólo Cristo sea glorificado. Estas tres condiciones son importantes de cumplir, sometiéndonos completamente, sin reserva, a Jesucristo como Señor.
La adoración a Dios no se define en un solo pasaje de la Biblia. La adoración está lejos de ser solo lo que acostumbramos cantar en la congregación (ekklesia). Una mirada a las definiciones de las palabras de las cuales se traduce adoracion, nos muestra que la adoración no está ligada a la música, no se limita a expresiones o manifestaciones físicas. La adoración es el conocimiento y reconocimiento directo de los atributos de Dios, de su naturaleza, poder, de sus demandas, sus promesas y sus misericordias, ya sea que lo declaremos por expresiones verbales, por derramamiento del corazón maravillado de su majestuosidad, por acción de gracias, honra u honor, pero especialmente con nuestra forma de vida y por todas las acciones ejecutadas en el transcurso de tal reconocimiento. (Dicc. Vine)
Veamos primero algunas definiciones y comentarios sobre el tema “Adoracion”, asi como algunos versículos que nos hablan sobre esto.
A. Verbos
1. eusebeo (εὐσεβέω, 2151), actuar piadosamente hacia. Se traduce «adoráis» en Hch 17.23.
2. proskuneo (προσκυνέω, 4352), hacer reverencia, dar obediencia a (de pros, hacia, y kuneo, besar). Es la palabra que con más frecuencia se traduce adorar. Se usa de un acto de homenaje o de reverencia: (a) a Dios (p.ej., Mt 4.10; Jn 4.21-24; 1 Co 14.25; Ap 4.10; 5.14; 7.11; 11.16; 19.10(b) y 22.9); (b) a Cristo (p.ej., Mt 2.2,8,11; 8.2; 9.18; 14.33; 15.25; 20.20; 28.9,17; Jn 9.38; Heb 1.6, en una cita de la lxx de Dt 32.43, refiriéndose a la Segunda Venida de Cristo); (c) a un hombre (Mt 18.26); (d) al dragón, por parte de los hombres (Ap 13.4); (e) a la bestia, su instrumento humano (Ap 13.15; 14.11; 16.12); (g) a demonios (Ap 9.20); (h) a ídolos (Hch 7.43).
3. sebo (σέβω, 4576), reverenciar, acentuando el sentimiento de maravilla o de devoción. Se usa de adorar: (a) a Dios (Mt 15.9; Mc 7.7; Hch 16.14; 18.7,13); (b) a una diosa (Hch 19.27).
4. sebazomai (σεβάζομαι, 4573), similar al Nº 3, honrar religiosamente. Se usa en Ro 1.25 (rvr), «honrando» (rvr77) y «adorando» (vm).
5. latreuo (λατρεύω, 3000), servicio, dar servicio u homenaje religioso. Se traduce como adorar en Flp 3.3 en la vm.
B. Nombre
proskunetes (προσκυνητής, 4353), similar a A, Nº 2, aparece en Jn 4.23.¶[1]
Acto mediante el cual se expresa reverencia, respeto, honor, amor y obediencia a Dios. En el AT se utiliza la palabra shachah para indicar esa actitud, con la connotación de “postrarse”, “arrodillarse”, “inclinarse”. En el NT el término es proskusneo, que es reverenciar a una persona. Usualmente el adorante baja “la cabeza hacia el suelo” (Éx. 34:8) o se postra en tierra (Job 1:20; Sal. 95:6), por lo cual muchas veces se usa la palabra “inclinarse” como equivalente a a. (Éx. 20:5; 2 R. 5:18). Pero el acto físico de inclinar el cuerpo puede tener otro sentido, como súplica a una persona (Gn. 23:7–12), o simple reverencia ante un rey (1 S. 24:8–9). Para que exista adoración es imprescindible una actitud del corazón que reconoce en el objeto de la adoración el carácter de soberano señor y dueño, como en el Sal. 99, donde se comienza reconociendo la grandeza de Dios: “Jehová reina.... Él está sentado sobre los querubines.... Jehová en Sion es grande y exaltado sobre todos los pueblos”, etcétera. Y luego se reclama la a.: “Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante su santo monte”.[2]
Culto o reverencia que se rinde a Dios por sus obras (Sal 92.1–5) y por ser quien es (Sal 100.1–4). Se expresa mediante → Oración (Gn 12.8; Neh 9), → Sacrificio (Gn 8.20), → Ofrenda (Gn 4.3, 4; 1 S 1.3; Dt 26.10; 1 Cr 16.29); → Alabanza (2 Cr 7.3; Sal 29.1, 2; 86.9; 138.1, 2), → Canto (Sal 66.4), ritos (Éx 12.26, 27), meditación (Sal 63.5, 6), → TEMOR (Sal 96.9), → Ayuno (Neh 9.1–3; Lc 2.37), → Fiesta y → Acción de gracias (2 Cr 30.21, 22), y sobre todo inclinación (Sal 95.6; 1 Cr 29.20) y servicio (Dt 11.13; Jos 22.27). Estos dos últimos conceptos se expresan en hebreo y en griego con palabras que también significan «adoración» (Dt 6.13; 10.12, 13; 2 R 5.18; cf. Mt 4.10; Ro 12.1), de modo que no se distingue entre «servir» y «adorar» ni entre «inclinarse» y «adorar».
La adoración externa y cultual debe nacer de una actitud interna (Is 29.13), que a su vez se expresa en obediencia y una vida dedicada por entero al servicio de Dios (1 S 15.22, 23; Miq 6.6–8; cf. Stg 1.27). El adorador debe ser bueno y justo (Sal 15; Am 5.21–26) para que su adoración sea aceptada (Sal 50.7–23; Is 1.11–20; cf. Mt 5.23, 24 y Jn 4.23), además de sincero (Sal 51.16–19).[3]
A. Las palabras implicadas
1. Proskuneo. Esta palabra primaria en denotar adoración está relacionada con la idea de besar (como en besar la tierra para honrar las deidades de la tierra); llegó, pues, a connotar el postrarse en reverencia. Esto demostraba que el adorador consideraba al objeto, digno de ofrecerle aquello que le estaba ofreciendo. Aun la palabra en inglés “worship” (una forma achicada de la palabra “worthship” —dignidad) significa atribuirle valor al objeto adorado. Nuestro Señor usó esta palabra en Su declaración clásica sobre la adoración en Juan 4:24. Con relación a la iglesia la palabra solamente aparece en 1 Corintios 14:25, y allí se refiere a la adoración de un no creyente que entra en la asamblea. Posiblemente se evitó el uso de este término al describir la adoración de la iglesia primitiva debido a su asociación con los ritos paganos, y la idea de que la adoración proskuneo se hacía en la presencia visible del objeto adorado. Quizás esto explique por qué la mayoría de las veces la hallamos en los Evangelios y en Apocalipsis (tanto en relación con la adoración verdadera como con la falsa, pero en la presencia del objeto adorado). No obstante, la idea de postrarse en reverencia ante el objeto adorado sigue siendo una faceta legítima de la adoración cristiana.
2. Latreo. Esta palabra altamente significativa comunica la idea de que la adoración es servicio sacerdotal. La vida del creyente en su totalidad debe ser de servicio-adoración (Romanos 12:1); la oración refleja esta clase de adoración (Hechos 13:2; Romanos 1:10); la palabra aparece varias veces relacionada con la acción de dar (15:27; 2 Corintios 9:12); y entonces el ministerio general del Evangelio es servicio-adoración (Romanos 15:16; Filipenses 3:3). Es posible que el hecho de que se use esta palabra en vez de la primera con respecto a la adoración del creyente, se deba simplemente a que, puesto que Cristo no es visible hoy en día, nuestra adoración ha de demostrarse en servicio.
B. El concepto
La adoración de la iglesia, entonces, consiste en servicio individual, corporal, público y privado para el Señor, lo cual se produce por reverencia y sumisión a Quien es completamente digno.[4]
Podriamos entonces, después de conocer lo anterior, decir que:
La verdadera adoración involucra una entrega total, entera de nosotros a Dios; adorar es decirle a Dios que lo amamos con toda nuestra vida. En el hogar, con nuestros Padres, Familia, En la Iglesia, en La escuela, El trabajo, En el Noviazgo. Se trata de poner a Dios en primer lugar. Por sobre todas las cosas. Es pedirle que nos ayude a amarlo, con todo el corazón, con toda nuestra mente, alma, ser. TODO.
La adoración a Dios a través de nuestros padres, es honrarlos, obedeciendo, tratándolos bien, sirviendo en el hogar, tratando bien a tus hermanos, ayudando a tu mamá y papá en el hogar.
En la Iglesia: Cuando estamos en obediencia a los pastores, pues estos cuidan de nosotros, y Dios quiere que nos sujetemos a éllos, y el sujetarnos a ellos lo agrada a El. Cuando nos comprometemos con algún ministerio, y somos fieles a Dios en ese servicio, en el sentido de estar en santidad, obedientes a su Palabra y leales con los hermanos. Cuando limpiamos la casa de Dios, cuando ayudamos a los hermanos en alguna tarea, o situación personal, cuando damos un consejo, cuando aprendemos a depender de Dios.
En la escuela o el trabajo: Cuando somos integros, es decir, lo que somos en la Iglesia, aquí también, como nos comportamos en la iglesia, aquí tambien. Cuando no nos dejamos intimidar por lo que digan los demás para cumplirle a Dios, para hacer lo que El nos dice en Su Palabra. Cuando no mentimos. Cuando ayudamos al prójimo. Cuando predicamos la palabra. Cuando damos testimonio de que Jesús esta en nuestra vida.
En el Noviazgo: Cuando involucramos a Dios en nuestra relación, para cada decisión que queramos tomar. Cuando hay respeto. Cuando hay amor, Cuando hay tolerancia. Cuando sabemos esperar en todo tiempo que se haga la voluntad de Dios. Cuando resistimos al Diablo cuando la carne es débil. Cuando le dedicas mas tiempo a Dios que a tu novi@. Cuando oran juntos. Cuando ayunan juntos. Cuando nos comunicamos. Cuando queremos mejorar. Cuando obedecemos lo que dice la Palabra de Dios.
En el matrimonio: Cuando hacemos a Dios el Señor de nuestra relación, poniéndolo siempre en primer lugar, cuando amamos a nuestra esposa, la cuidamos, la sustentamos, la respetamos, cuando respetamos a nuestro esposo, cuando nos sujetamos a el, cuando aceptamos y reconocemos que el es la cabeza del hogar, cuando buscamos aprender de Su Palabra juntos, cuando oramos juntos, cuando buscamos de Su consejo para resolver los conflictos o las diferencias, cuando buscamos Su voluntad para nuestro matrimonio caminando en obediencia a Su Palabra.
Adorar a Dios es mucho más que cantarle, es entregarle por completo cada una de las áreas de nuestra vida y dejar que sea El quien ponga cada cosa en su lugar. Es dejarnos guiar por Su Presencia. Es saber esperar las respuestas de Dios. Es levantarte cuando has caído. Es cantarle aun cuando te sientes mal. Es saber que aunque a veces Dios esta en silencio, esta trabajando. Es confiar en Dios cuando las situaciones se presentan muy difíciles, y parece que no pudieras resistir. Es entregarle todas tus cargas, para no estar angustiado. Es clamar el salmo 23 cuando sientes que te faltan las fuerzas y sientes que te vas a morir. Es recordar que todo lo puedes en Cristo que te fortalece (Filipenses 4:13). Y que el poder de Dios, se perfecciona en mi debilidad. Es saber que Dios cumple sus promesas. Es clamar a él. Es reconocerlo cuando llegas al lugar donde querías estar. Es pedirle que te fortalezca. Es deleitarse en Jehová. Cuando oramos en todo tiempo.
Uno de los pasajes mas usados cuando se trata de hablar de “la verdadera adoracion” es Juan 4, en el cual encontramos la conversación de Jesus con la Samaritana. Veamos todo el texto:
Juan 4:7-26, “Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 10Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
16Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. 17Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; 18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. 19Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo”.
Los versículos clave aquí son: “21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.
Veamos porque.
Jesús le informa a la mujer Samaritana que con su venida a este mundo y su muerte en la cruz, Dios ya no tendría un lugar especifico en esta tierra para la adoración como lo fue en los tiempos antes de Jesucristo. Ahora todos los que creen en el Señor Jesucristo pueden adorar a Dios en todo tiempo y en cualquier lugar.
Aunque su cuerpo pueda encontrarse en una cárcel, en un calabozo o en cualquier otro lugar incómodo, su espíritu puede acercarse a Dios en el santuario celestial a través de la fe. Jesucristo le dijo a la mujer que desde ese momento en adelante la adoración al Padre sería en espíritu y en verdad.
Con la llegada de Jesús, el Mesías de Dios, se inició el reino del cielo que sería esencialmente un reino nuevo y espiritual. La hora que vendría (v. 23) ya llegó y con su llegada se inició una nueva era. En un sentido la nueva era sería la continuación de la anterior; por ejemplo, es el mismo Dios y es su plan eterno que sigue desarrollándose. Pero, en otro sentido, sería una que era radicalmente nueva y esa novedad estaba centrada en la persona de Jesucristo. Los verdaderos adoradores adorarán al Padre implica que había adoradores que no eran verdaderos, es decir, que no agradaban a Dios en su adoración. Los que agradan a Dios le adoran en espíritu, lo cual significa que la adoración surge y se expresa por medio del espíritu humano. Esta adoración nace en el recinto más interior del alma y se rinde a Dios como un servicio espiritual (Rom. 1:9; 12:1). Ciertamente el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad y nos guía en la adoración (Rom. 8:26), pero espíritu aquí se refiere al espíritu humano. Lo exterior y lo material pueden facilitar la adoración, pero lo que importa a Dios es la condición del corazón y espíritu del adorador. Templos y lugares “sagrados”, como Jerusalén y Gerizim, juntamente con los utensilios, altares y ritos religiosos, no son esenciales para la adoración que agrada a Dios. Inclusive, todo esto puede distraer de la verdadera adoración. Verdad en el NT se refiere a lo que es realidad en contraste con la mera apariencia o a lo opuesto a la falsedad. La verdad es un atributo esencial de Dios y Jesús pudo decir “yo soy… la verdad” (14:6). Además, en el AT el término llevaba el sentido de fidelidad, confiabilidad y seguridad. En este contexto, Jesús se refería a la revelación de Dios que se manifestó principalmente en la persona de su Hijo. Para nosotros, verdad es la revelación de la persona de Dios y de su voluntad para el hombre y ésta se encuentra en la Biblia. Para agradar a Dios en la adoración, uno debe conocerle tal cual se revela en la Biblia y debe saber cuál es su voluntad general y particular.
Porque también el Padre busca a tales que le adoren. Esta frase presenta un concepto completamente nuevo de Dios. Los dioses paganos esperaban pasivamente que sus súbditos se acercasen para rendirles culto, pero el Dios revelado en las Escrituras sale buscando de entre la humanidad una clase particular de adoradores, los que adoran en espíritu y en verdad.
En el v. 24 se repite lo expresado arriba, pero se agrega una explicación por la demanda de adoración en espíritu y en verdad. La naturaleza de Dios, que es espíritu, determina la clase de adoración que le agrada. La segunda lección de Jesús sobre la adoración que agrada al Altísimo es que debe realizarse de acuerdo con la naturaleza de Dios, es decir, en espíritu y en verdad, pues Dios es ambas cosas. La adoración es un asunto del corazón, de comunicación entre el espíritu del hombre y el Espíritu de Dios, basado en la verdad de Dios revelada en Jesucristo y ahora en las Escrituras. Siendo así, la adoración que agrada a Dios requiere una disciplina diaria en el estudio bíblico. Cuando la adoración se determina por lo que agrada al hombre, desconociendo lo que Dios ha revelado, uno puede estar bien seguro que no agrada a Dios y no será aceptada.[5]
Solo un comentario mas específicamente sobre el Versiculo 24, Dios es Espíritu … le adoran, en espíritu y en verdad: Dios no está limitado por el tiempo y el espacio. Cuando las personas nacen del Espíritu (han nacido de nuevo), pueden tener comunión con Dios en cualquier parte, de hecho, es por eso que, si consideramos el hecho de que la palabra proskuneo de alguna forma implica, que debemos adorar en la presencia visible del objeto adorado, entonces nuestra vida debe por eso ser de adoración, porque Cristo vive en nosotros, lo cual implica que siempre estamos de alguna forma, por fe, en Su presencia y creemos que El esta siempre con nosotros, porque eso dice Su Palabra en Mateo 28:29. Como ya dijimos, Cristo esta convirtiendo aqui la adoración en un asunto del corazón. Aquí, la verdad es específicamente la adoración de Dios mediante Jesucristo. El punto no es dónde adore una persona, sino cómo y a quién.
Un aspecto importantísimo aquí es que solo los hijos de Dios pueden adorarle, es requisito indispensable haber nacido de nuevo, Jesus le dijo a Nicodemos en Juan 3:6, “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
Solo el creer y aceptar a Jesus nos hace hijos de Dios. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12.
“Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”. Galatas 4:6
Tengo 7 años y nunca ví a mi madre no se como será ella. ¿Tendrá mi rostro, será rubia, sus ojos revelaran dulzura? La verdad no se. Al verme al espejo imagino que tengo una madre, ¡¿donde esta ella?!. Mis sentimientos son como el viento perdido, sin rumbo, quisiera sentir sus tiernas manos y susurrar en su oído para decir: ¡te amo ...te amo...!
Esta dramática escena representa al amor ferviente a un ser que no se conoce, rompe la lógica y se aborda en la imaginación de un ser que se desea conocer. Pero en nuestro diario vivir hay personas que dicen conocer a Dios, pero nunca han hablado con él. Algunos han experimentado los favores de Dios, pero se han olvidado de la gratitud.
Dios es un Ser real y busca a sus hijos para desarrollar una relación intima y depositar Su amor, el adorador se desespera de ver a su Padre, no puede vivir sin El, reconoce su grandeza, su alma lo anhela, quiere corresponder su amor. Su corazón esta dispuesto y listo para ser moldeado y permanece atento para cumplir su mandato.
Otro aspecto importante es que, el conocimiento de quien es Dios limitara nuestra adoracion. Si no sabes que el Señor es fiel, ¿Cómo puedes decirle: Señor eres fiel?
El adorador es un hambriento, necesitado de leer y conocer la Palabra de Dios, la Biblia, porque en ella esta impregnado el testimonio de quien es Dios.
Otro aspecto de la adoración verdadera es tener una actitud correcta, clara, honesta y transparente. Con sinceridad, sin mascaras ni hipocresía. Una vida santa atrae la presencia de Dios y el Padre se goza en tener esta comunión derramando sus bendiciones y su santa unción.
“La adoración es la celebración dramática de Dios en su dignidad suprema, de manera que su dignidad se convierta en la norma e inspiración de vivir “(Ralpf Martin, Teologia de la Adoracion)
Muchas personas piensan que pueden adorar a Dios con un estilo de vida indiferente y sin compromiso. Dios no responde positivamente a eso. Si seguimos practicando un estilo de vida pecaminoso o escondemos algún habito que no agrada a Dios, ¿podemos creer que Dios aceptara nuestra adoracion?
Jeremias 14:10-12 dice: “Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados. 11Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. 12Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia”.
El pasaje de Juan 4:23, nos da a entender que hay adoracion verdadera y hay adoracion falsa.
Isaias 1:11-17 dice: “¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.12¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? 13No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. 14Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. 15Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. 16Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; 17aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda”.
La adoración falsa se hace en ignorancia, sin tomar en cuenta lo que Dios ha enseñado acerca de la adoración. La adoración verdadera se hace basándose en lo que la Palabra de Dios dice acerca de la adoración. La adoración falsa es externa (mundana), siguiendo costumbres y reglas inventadas por hombres, centrada en ciertas actividades. La adoración verdadera es interna (espiritual), centrada en una relación intima y personal con Dios.
La adoración verdadera es un estilo de vida, no es un evento o actividad. La adoración verdadera esta centrada en Dios, no esta centrada en entretener a la gente. Muchos piensan que están adorando a Dios, y en realidad solo están creando un estilo eufórico en si mismos.
1 Samuel 16:7 dice: “Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”.
El corazón de un adorador es aquel que renuncia a sus beneficios con tal que Dios ocupe el primer lugar. Juan 3:30, “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.
Veamos un ejemplo bíblico de la veradera adoración en Lucas 7:36-48, dice asi: “36Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. 47Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados”.
El texto de la Biblia nos muestra a una mujer pecadora y de mala reputación que marcó el camino del arrepentimiento con sus propias lagrimas y desechó su propia gloria para lograr la gloria del Señor a través de un exuberante gesto de adoración.
Esa mujer se atrevió a entrar a una reunión privada para poder ver a Jesucristo aún sin haber sido invitada. Pero no llegó con las manos vacías, traía un frasco de alabastro lleno de perfume.
Llegó silenciosamente postrándose a los pies de Jesús y comenzó a regar con sus lagrimas sus pies y a enjugarlos con sus cabellos.
Esto nos habla de una gran humildad por parte de esa mujer. En aquel tiempo no existían los zapatos sino solo sandalias y muy probablemente los pies de Jesucristo se encontraban empolvados y tal vez hasta manchados con lodo.
No dejaba de besar sus pies y los ungía con el perfume que había traído. A diferencia de Simón quien le preparó una cena a Jesucristo, pero dejó a un lado lo más importante, esta mujer le dio a Jesucristo lo que El realmente desea: nuestra adoración.
Dios no necesita de nuestros servicios religiosos. Él desea nuestra adoración (v.24), y la única adoración que Él acepta es aquella que nace de un espíritu humilde, de un corazón contrito y humillado, de una actitud correcta, de ese corazón que está dispuesto a quebrar su vaso de alabastro en la presencia de Dios.
Jesucristo desea nuestra adoración con verdadera devoción. Desea que nos quebrantemos delante de su presencia y que le busquemos a El y no solo a sus bendiciones.
La verdadera adoración es aquella que no busca la mano del Señor para que nos dé sus bendiciones, sino que busca Su rostro a través de la adoración por encima de todas las cosas.
Veamos otro ejemplo en Apocalipsis 4:10-11, dice asi: “los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.
El orden que observamos en este pasaje es significativo, lo primero que vemos en el versículo 10 es que todos se postran.
Los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono. Esto es lo primero, y siempre viene en primer lugar. La postración nos habla de sumisión hacia Aquel a quien se adora, puesto que encontramos que ellos, se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono.
Es importante que observemos aquí, que primeramente tiene lugar la sumisión, y, en segundo término, el echar las coronas delante del trono.
En los tiempos en que se escribió el Apocalipsis, cuando las legiones romanas vencían a un rey, se le conducía a Roma para que se postrara a los pies del emperador, o bien, se lo ubicaba delante de una gran imagen del César, obligándolo a postrarse delante de ella y a echar su corona a sus pies. Este era un acto de sumisión total, de abdicación ante el emperador. De modo que Juan, en Apocalipsis 4, nos está mostrando dos condiciones básicas de la adoración. La primera es la postración, la sumisión total a Aquel a quien se adora.
La segunda es echar la corona a los pies del adorado.
Ahora bien, ¿cual es el significado de la corona aquí? Atrae la atención hacia quien la porta, lo enaltece, la corona constituye un símbolo de dignidad real. También la corona era usada por los reyes como distintivo de poder y como símbolo de victoria. Por lo tanto, el adorador sincero de Cristo, al echar su corona a los pies del Señor, esta diciendo: “yo deseo que solo Tu seas exaltado, que solo Tu seas glorificado”. Y esto nos habla de un deseo de vivir para la gloria de Cristo y solo la de El.
En el versículo 11 encontramos a los adoradores atribuyendo valor a Aquel que esta sobre el trono, diciéndole que El es digno. Esta es la adoración: La atribución de valor a Aquel a quien se adora.
En este pasaje los adoradores han renunciado a sus coronas y las han echado delante del trono, despojándose de su gloria y diciendo, Tu eres digno de recibir la gloria y solo Tu. Después vienen la honra y el poder.
Gloria, exaltación y honra, es lo que los hombres buscan. Es por eso que al adorar a Jesucristo debemos despojarnos de cualquier aspiración de gloria, de honor o de poder, pues solo El y solo El es digno de ellas.
La verdadera adoración es un acto que trae consecuencias en la vida del hombre. Isaias 6:1-8 dice: “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. 6Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; 7y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. 8Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”.
Podemos decir que lo que determina ser un adorador verdadero es: un corazón ardiente en la búsqueda de Dios y el anhelo de estar con El. No se trata de tener buena voz, o los elementos ceremoniales adecuados.
La verdadera adoración es un asunto del corazón. Es entregar nuestra vida para que brille El y no la arrogancia nuestra. Es reconocer nuestra condición frente al poderío de Dios, lo cual nos obliga a postrarnos delante de El y rodear todo nuestro ser en la correspondencia de Su amor.
Bibliografia
lxx Septuaginta
rvr Reina Valera Revisada (1960)
rvr77 Reina Valera (revisión de 1977)
[1]Vine, W.E.: Vine Diccionario Expositivo De Palabras Del Antiguo Y Del Nuevo Testamento Exhaustivo. electronic ed. Nashville : Editorial Caribe, 2000, c1999
AT Arameo
NT Nuevo Testamento
[2]Lockward, Alfonso: Nuevo Diccionario De La Biblia. Miami : Editorial Unilit, 2003, S. 23
[3]Nelson, Wilton M. ; Mayo, Juan Rojas: Nelson Nuevo Diccionario Ilustrado De La Biblia. electronic ed. Nashville : Editorial Caribe, 2000, c1998
[4]Ryrie, Charles Caldwell: Teologı́a Básica. Miami : Editorial Unilit, 2003, S. 491
[5]Bartley, James ; Patterson, Juan B ; Wyatt, Joyce Cope ; Editorial Mundo Hispano (El Paso, Tex.): Comentario Bı́blico Mundo Hispano Juan. 1. ed. El Paso, TX : Editorial Mundo Hispano, 2004, S. 123
No cabe duda que la falta de conocimiento en cualquier esfera conduce a la ignorancia. A los surgimientos de filosofías o mitologías que conducen al error.
El vocablo adoracion hoy en dia, es popular en nuestro lenguaje cristiano, lo usamos envuelto en un disfraz espiritual. Evitando al creyente tener un compromiso y una revelación de Dios en su vida.
Pero una vez mas, yo me pregunto, ¿Por qué siendo la Biblia tan clara sobre este tema de la adoracion, acabamos siempre asegurando y creyendo cosas que no se acercan ni tantito a la verdad bíblica? O ¿Por qué aseguramos y creemos, como si eso fuera todo, algo que no es sino solo una parte de la verdad bíblica?
La verdadera adoración no la define el hombre, la define Dios. Como cristianos tenemos la obligación moral y espiritual de ir a la Biblia que es la fuente de la sabiduría divina, para aprender y entender que es adoración.
Adorar no es una acción determinada, sino el conjunto de varias acciones o actitudes que le dan el sentido real a la misma. Puede verse como un rompecabezas en el que hasta no agregar la última pieza, no estará claro el paisaje o figura. Así es la adoración, los elementos que la forman deben ser agregados en su totalidad, para que sea perfecta.
Adoración es un encuentro con la Majestad de Dios, como resultado de una íntima relación con Él; si somos verdaderos adoradores, nunca abandonaremos la presencia gloriosa de Dios.
Miqueas 6:6-8 dice: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? 8Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”.
Una primera condición esencial para la adoracion es un conocimiento personal de Dios y sus atributos divinos (lo cual incluye que solo los hijos de Dios pueden adorarle en espíritu y verdad). Una segunda condicion es la sumisión total a El. Una tercera es que sólo Cristo sea glorificado. Estas tres condiciones son importantes de cumplir, sometiéndonos completamente, sin reserva, a Jesucristo como Señor.
La adoración a Dios no se define en un solo pasaje de la Biblia. La adoración está lejos de ser solo lo que acostumbramos cantar en la congregación (ekklesia). Una mirada a las definiciones de las palabras de las cuales se traduce adoracion, nos muestra que la adoración no está ligada a la música, no se limita a expresiones o manifestaciones físicas. La adoración es el conocimiento y reconocimiento directo de los atributos de Dios, de su naturaleza, poder, de sus demandas, sus promesas y sus misericordias, ya sea que lo declaremos por expresiones verbales, por derramamiento del corazón maravillado de su majestuosidad, por acción de gracias, honra u honor, pero especialmente con nuestra forma de vida y por todas las acciones ejecutadas en el transcurso de tal reconocimiento. (Dicc. Vine)
Veamos primero algunas definiciones y comentarios sobre el tema “Adoracion”, asi como algunos versículos que nos hablan sobre esto.
A. Verbos
1. eusebeo (εὐσεβέω, 2151), actuar piadosamente hacia. Se traduce «adoráis» en Hch 17.23.
2. proskuneo (προσκυνέω, 4352), hacer reverencia, dar obediencia a (de pros, hacia, y kuneo, besar). Es la palabra que con más frecuencia se traduce adorar. Se usa de un acto de homenaje o de reverencia: (a) a Dios (p.ej., Mt 4.10; Jn 4.21-24; 1 Co 14.25; Ap 4.10; 5.14; 7.11; 11.16; 19.10(b) y 22.9); (b) a Cristo (p.ej., Mt 2.2,8,11; 8.2; 9.18; 14.33; 15.25; 20.20; 28.9,17; Jn 9.38; Heb 1.6, en una cita de la lxx de Dt 32.43, refiriéndose a la Segunda Venida de Cristo); (c) a un hombre (Mt 18.26); (d) al dragón, por parte de los hombres (Ap 13.4); (e) a la bestia, su instrumento humano (Ap 13.15; 14.11; 16.12); (g) a demonios (Ap 9.20); (h) a ídolos (Hch 7.43).
3. sebo (σέβω, 4576), reverenciar, acentuando el sentimiento de maravilla o de devoción. Se usa de adorar: (a) a Dios (Mt 15.9; Mc 7.7; Hch 16.14; 18.7,13); (b) a una diosa (Hch 19.27).
4. sebazomai (σεβάζομαι, 4573), similar al Nº 3, honrar religiosamente. Se usa en Ro 1.25 (rvr), «honrando» (rvr77) y «adorando» (vm).
5. latreuo (λατρεύω, 3000), servicio, dar servicio u homenaje religioso. Se traduce como adorar en Flp 3.3 en la vm.
B. Nombre
proskunetes (προσκυνητής, 4353), similar a A, Nº 2, aparece en Jn 4.23.¶[1]
Acto mediante el cual se expresa reverencia, respeto, honor, amor y obediencia a Dios. En el AT se utiliza la palabra shachah para indicar esa actitud, con la connotación de “postrarse”, “arrodillarse”, “inclinarse”. En el NT el término es proskusneo, que es reverenciar a una persona. Usualmente el adorante baja “la cabeza hacia el suelo” (Éx. 34:8) o se postra en tierra (Job 1:20; Sal. 95:6), por lo cual muchas veces se usa la palabra “inclinarse” como equivalente a a. (Éx. 20:5; 2 R. 5:18). Pero el acto físico de inclinar el cuerpo puede tener otro sentido, como súplica a una persona (Gn. 23:7–12), o simple reverencia ante un rey (1 S. 24:8–9). Para que exista adoración es imprescindible una actitud del corazón que reconoce en el objeto de la adoración el carácter de soberano señor y dueño, como en el Sal. 99, donde se comienza reconociendo la grandeza de Dios: “Jehová reina.... Él está sentado sobre los querubines.... Jehová en Sion es grande y exaltado sobre todos los pueblos”, etcétera. Y luego se reclama la a.: “Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante su santo monte”.[2]
Culto o reverencia que se rinde a Dios por sus obras (Sal 92.1–5) y por ser quien es (Sal 100.1–4). Se expresa mediante → Oración (Gn 12.8; Neh 9), → Sacrificio (Gn 8.20), → Ofrenda (Gn 4.3, 4; 1 S 1.3; Dt 26.10; 1 Cr 16.29); → Alabanza (2 Cr 7.3; Sal 29.1, 2; 86.9; 138.1, 2), → Canto (Sal 66.4), ritos (Éx 12.26, 27), meditación (Sal 63.5, 6), → TEMOR (Sal 96.9), → Ayuno (Neh 9.1–3; Lc 2.37), → Fiesta y → Acción de gracias (2 Cr 30.21, 22), y sobre todo inclinación (Sal 95.6; 1 Cr 29.20) y servicio (Dt 11.13; Jos 22.27). Estos dos últimos conceptos se expresan en hebreo y en griego con palabras que también significan «adoración» (Dt 6.13; 10.12, 13; 2 R 5.18; cf. Mt 4.10; Ro 12.1), de modo que no se distingue entre «servir» y «adorar» ni entre «inclinarse» y «adorar».
La adoración externa y cultual debe nacer de una actitud interna (Is 29.13), que a su vez se expresa en obediencia y una vida dedicada por entero al servicio de Dios (1 S 15.22, 23; Miq 6.6–8; cf. Stg 1.27). El adorador debe ser bueno y justo (Sal 15; Am 5.21–26) para que su adoración sea aceptada (Sal 50.7–23; Is 1.11–20; cf. Mt 5.23, 24 y Jn 4.23), además de sincero (Sal 51.16–19).[3]
A. Las palabras implicadas
1. Proskuneo. Esta palabra primaria en denotar adoración está relacionada con la idea de besar (como en besar la tierra para honrar las deidades de la tierra); llegó, pues, a connotar el postrarse en reverencia. Esto demostraba que el adorador consideraba al objeto, digno de ofrecerle aquello que le estaba ofreciendo. Aun la palabra en inglés “worship” (una forma achicada de la palabra “worthship” —dignidad) significa atribuirle valor al objeto adorado. Nuestro Señor usó esta palabra en Su declaración clásica sobre la adoración en Juan 4:24. Con relación a la iglesia la palabra solamente aparece en 1 Corintios 14:25, y allí se refiere a la adoración de un no creyente que entra en la asamblea. Posiblemente se evitó el uso de este término al describir la adoración de la iglesia primitiva debido a su asociación con los ritos paganos, y la idea de que la adoración proskuneo se hacía en la presencia visible del objeto adorado. Quizás esto explique por qué la mayoría de las veces la hallamos en los Evangelios y en Apocalipsis (tanto en relación con la adoración verdadera como con la falsa, pero en la presencia del objeto adorado). No obstante, la idea de postrarse en reverencia ante el objeto adorado sigue siendo una faceta legítima de la adoración cristiana.
2. Latreo. Esta palabra altamente significativa comunica la idea de que la adoración es servicio sacerdotal. La vida del creyente en su totalidad debe ser de servicio-adoración (Romanos 12:1); la oración refleja esta clase de adoración (Hechos 13:2; Romanos 1:10); la palabra aparece varias veces relacionada con la acción de dar (15:27; 2 Corintios 9:12); y entonces el ministerio general del Evangelio es servicio-adoración (Romanos 15:16; Filipenses 3:3). Es posible que el hecho de que se use esta palabra en vez de la primera con respecto a la adoración del creyente, se deba simplemente a que, puesto que Cristo no es visible hoy en día, nuestra adoración ha de demostrarse en servicio.
B. El concepto
La adoración de la iglesia, entonces, consiste en servicio individual, corporal, público y privado para el Señor, lo cual se produce por reverencia y sumisión a Quien es completamente digno.[4]
Podriamos entonces, después de conocer lo anterior, decir que:
La verdadera adoración involucra una entrega total, entera de nosotros a Dios; adorar es decirle a Dios que lo amamos con toda nuestra vida. En el hogar, con nuestros Padres, Familia, En la Iglesia, en La escuela, El trabajo, En el Noviazgo. Se trata de poner a Dios en primer lugar. Por sobre todas las cosas. Es pedirle que nos ayude a amarlo, con todo el corazón, con toda nuestra mente, alma, ser. TODO.
La adoración a Dios a través de nuestros padres, es honrarlos, obedeciendo, tratándolos bien, sirviendo en el hogar, tratando bien a tus hermanos, ayudando a tu mamá y papá en el hogar.
En la Iglesia: Cuando estamos en obediencia a los pastores, pues estos cuidan de nosotros, y Dios quiere que nos sujetemos a éllos, y el sujetarnos a ellos lo agrada a El. Cuando nos comprometemos con algún ministerio, y somos fieles a Dios en ese servicio, en el sentido de estar en santidad, obedientes a su Palabra y leales con los hermanos. Cuando limpiamos la casa de Dios, cuando ayudamos a los hermanos en alguna tarea, o situación personal, cuando damos un consejo, cuando aprendemos a depender de Dios.
En la escuela o el trabajo: Cuando somos integros, es decir, lo que somos en la Iglesia, aquí también, como nos comportamos en la iglesia, aquí tambien. Cuando no nos dejamos intimidar por lo que digan los demás para cumplirle a Dios, para hacer lo que El nos dice en Su Palabra. Cuando no mentimos. Cuando ayudamos al prójimo. Cuando predicamos la palabra. Cuando damos testimonio de que Jesús esta en nuestra vida.
En el Noviazgo: Cuando involucramos a Dios en nuestra relación, para cada decisión que queramos tomar. Cuando hay respeto. Cuando hay amor, Cuando hay tolerancia. Cuando sabemos esperar en todo tiempo que se haga la voluntad de Dios. Cuando resistimos al Diablo cuando la carne es débil. Cuando le dedicas mas tiempo a Dios que a tu novi@. Cuando oran juntos. Cuando ayunan juntos. Cuando nos comunicamos. Cuando queremos mejorar. Cuando obedecemos lo que dice la Palabra de Dios.
En el matrimonio: Cuando hacemos a Dios el Señor de nuestra relación, poniéndolo siempre en primer lugar, cuando amamos a nuestra esposa, la cuidamos, la sustentamos, la respetamos, cuando respetamos a nuestro esposo, cuando nos sujetamos a el, cuando aceptamos y reconocemos que el es la cabeza del hogar, cuando buscamos aprender de Su Palabra juntos, cuando oramos juntos, cuando buscamos de Su consejo para resolver los conflictos o las diferencias, cuando buscamos Su voluntad para nuestro matrimonio caminando en obediencia a Su Palabra.
Adorar a Dios es mucho más que cantarle, es entregarle por completo cada una de las áreas de nuestra vida y dejar que sea El quien ponga cada cosa en su lugar. Es dejarnos guiar por Su Presencia. Es saber esperar las respuestas de Dios. Es levantarte cuando has caído. Es cantarle aun cuando te sientes mal. Es saber que aunque a veces Dios esta en silencio, esta trabajando. Es confiar en Dios cuando las situaciones se presentan muy difíciles, y parece que no pudieras resistir. Es entregarle todas tus cargas, para no estar angustiado. Es clamar el salmo 23 cuando sientes que te faltan las fuerzas y sientes que te vas a morir. Es recordar que todo lo puedes en Cristo que te fortalece (Filipenses 4:13). Y que el poder de Dios, se perfecciona en mi debilidad. Es saber que Dios cumple sus promesas. Es clamar a él. Es reconocerlo cuando llegas al lugar donde querías estar. Es pedirle que te fortalezca. Es deleitarse en Jehová. Cuando oramos en todo tiempo.
Uno de los pasajes mas usados cuando se trata de hablar de “la verdadera adoracion” es Juan 4, en el cual encontramos la conversación de Jesus con la Samaritana. Veamos todo el texto:
Juan 4:7-26, “Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 10Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
16Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. 17Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; 18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. 19Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo”.
Los versículos clave aquí son: “21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.
Veamos porque.
Jesús le informa a la mujer Samaritana que con su venida a este mundo y su muerte en la cruz, Dios ya no tendría un lugar especifico en esta tierra para la adoración como lo fue en los tiempos antes de Jesucristo. Ahora todos los que creen en el Señor Jesucristo pueden adorar a Dios en todo tiempo y en cualquier lugar.
Aunque su cuerpo pueda encontrarse en una cárcel, en un calabozo o en cualquier otro lugar incómodo, su espíritu puede acercarse a Dios en el santuario celestial a través de la fe. Jesucristo le dijo a la mujer que desde ese momento en adelante la adoración al Padre sería en espíritu y en verdad.
Con la llegada de Jesús, el Mesías de Dios, se inició el reino del cielo que sería esencialmente un reino nuevo y espiritual. La hora que vendría (v. 23) ya llegó y con su llegada se inició una nueva era. En un sentido la nueva era sería la continuación de la anterior; por ejemplo, es el mismo Dios y es su plan eterno que sigue desarrollándose. Pero, en otro sentido, sería una que era radicalmente nueva y esa novedad estaba centrada en la persona de Jesucristo. Los verdaderos adoradores adorarán al Padre implica que había adoradores que no eran verdaderos, es decir, que no agradaban a Dios en su adoración. Los que agradan a Dios le adoran en espíritu, lo cual significa que la adoración surge y se expresa por medio del espíritu humano. Esta adoración nace en el recinto más interior del alma y se rinde a Dios como un servicio espiritual (Rom. 1:9; 12:1). Ciertamente el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad y nos guía en la adoración (Rom. 8:26), pero espíritu aquí se refiere al espíritu humano. Lo exterior y lo material pueden facilitar la adoración, pero lo que importa a Dios es la condición del corazón y espíritu del adorador. Templos y lugares “sagrados”, como Jerusalén y Gerizim, juntamente con los utensilios, altares y ritos religiosos, no son esenciales para la adoración que agrada a Dios. Inclusive, todo esto puede distraer de la verdadera adoración. Verdad en el NT se refiere a lo que es realidad en contraste con la mera apariencia o a lo opuesto a la falsedad. La verdad es un atributo esencial de Dios y Jesús pudo decir “yo soy… la verdad” (14:6). Además, en el AT el término llevaba el sentido de fidelidad, confiabilidad y seguridad. En este contexto, Jesús se refería a la revelación de Dios que se manifestó principalmente en la persona de su Hijo. Para nosotros, verdad es la revelación de la persona de Dios y de su voluntad para el hombre y ésta se encuentra en la Biblia. Para agradar a Dios en la adoración, uno debe conocerle tal cual se revela en la Biblia y debe saber cuál es su voluntad general y particular.
Porque también el Padre busca a tales que le adoren. Esta frase presenta un concepto completamente nuevo de Dios. Los dioses paganos esperaban pasivamente que sus súbditos se acercasen para rendirles culto, pero el Dios revelado en las Escrituras sale buscando de entre la humanidad una clase particular de adoradores, los que adoran en espíritu y en verdad.
En el v. 24 se repite lo expresado arriba, pero se agrega una explicación por la demanda de adoración en espíritu y en verdad. La naturaleza de Dios, que es espíritu, determina la clase de adoración que le agrada. La segunda lección de Jesús sobre la adoración que agrada al Altísimo es que debe realizarse de acuerdo con la naturaleza de Dios, es decir, en espíritu y en verdad, pues Dios es ambas cosas. La adoración es un asunto del corazón, de comunicación entre el espíritu del hombre y el Espíritu de Dios, basado en la verdad de Dios revelada en Jesucristo y ahora en las Escrituras. Siendo así, la adoración que agrada a Dios requiere una disciplina diaria en el estudio bíblico. Cuando la adoración se determina por lo que agrada al hombre, desconociendo lo que Dios ha revelado, uno puede estar bien seguro que no agrada a Dios y no será aceptada.[5]
Solo un comentario mas específicamente sobre el Versiculo 24, Dios es Espíritu … le adoran, en espíritu y en verdad: Dios no está limitado por el tiempo y el espacio. Cuando las personas nacen del Espíritu (han nacido de nuevo), pueden tener comunión con Dios en cualquier parte, de hecho, es por eso que, si consideramos el hecho de que la palabra proskuneo de alguna forma implica, que debemos adorar en la presencia visible del objeto adorado, entonces nuestra vida debe por eso ser de adoración, porque Cristo vive en nosotros, lo cual implica que siempre estamos de alguna forma, por fe, en Su presencia y creemos que El esta siempre con nosotros, porque eso dice Su Palabra en Mateo 28:29. Como ya dijimos, Cristo esta convirtiendo aqui la adoración en un asunto del corazón. Aquí, la verdad es específicamente la adoración de Dios mediante Jesucristo. El punto no es dónde adore una persona, sino cómo y a quién.
Un aspecto importantísimo aquí es que solo los hijos de Dios pueden adorarle, es requisito indispensable haber nacido de nuevo, Jesus le dijo a Nicodemos en Juan 3:6, “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
Solo el creer y aceptar a Jesus nos hace hijos de Dios. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12.
“Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”. Galatas 4:6
Tengo 7 años y nunca ví a mi madre no se como será ella. ¿Tendrá mi rostro, será rubia, sus ojos revelaran dulzura? La verdad no se. Al verme al espejo imagino que tengo una madre, ¡¿donde esta ella?!. Mis sentimientos son como el viento perdido, sin rumbo, quisiera sentir sus tiernas manos y susurrar en su oído para decir: ¡te amo ...te amo...!
Esta dramática escena representa al amor ferviente a un ser que no se conoce, rompe la lógica y se aborda en la imaginación de un ser que se desea conocer. Pero en nuestro diario vivir hay personas que dicen conocer a Dios, pero nunca han hablado con él. Algunos han experimentado los favores de Dios, pero se han olvidado de la gratitud.
Dios es un Ser real y busca a sus hijos para desarrollar una relación intima y depositar Su amor, el adorador se desespera de ver a su Padre, no puede vivir sin El, reconoce su grandeza, su alma lo anhela, quiere corresponder su amor. Su corazón esta dispuesto y listo para ser moldeado y permanece atento para cumplir su mandato.
Otro aspecto importante es que, el conocimiento de quien es Dios limitara nuestra adoracion. Si no sabes que el Señor es fiel, ¿Cómo puedes decirle: Señor eres fiel?
El adorador es un hambriento, necesitado de leer y conocer la Palabra de Dios, la Biblia, porque en ella esta impregnado el testimonio de quien es Dios.
Otro aspecto de la adoración verdadera es tener una actitud correcta, clara, honesta y transparente. Con sinceridad, sin mascaras ni hipocresía. Una vida santa atrae la presencia de Dios y el Padre se goza en tener esta comunión derramando sus bendiciones y su santa unción.
“La adoración es la celebración dramática de Dios en su dignidad suprema, de manera que su dignidad se convierta en la norma e inspiración de vivir “(Ralpf Martin, Teologia de la Adoracion)
Muchas personas piensan que pueden adorar a Dios con un estilo de vida indiferente y sin compromiso. Dios no responde positivamente a eso. Si seguimos practicando un estilo de vida pecaminoso o escondemos algún habito que no agrada a Dios, ¿podemos creer que Dios aceptara nuestra adoracion?
Jeremias 14:10-12 dice: “Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados. 11Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. 12Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia”.
El pasaje de Juan 4:23, nos da a entender que hay adoracion verdadera y hay adoracion falsa.
Isaias 1:11-17 dice: “¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.12¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? 13No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. 14Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. 15Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. 16Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; 17aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda”.
La adoración falsa se hace en ignorancia, sin tomar en cuenta lo que Dios ha enseñado acerca de la adoración. La adoración verdadera se hace basándose en lo que la Palabra de Dios dice acerca de la adoración. La adoración falsa es externa (mundana), siguiendo costumbres y reglas inventadas por hombres, centrada en ciertas actividades. La adoración verdadera es interna (espiritual), centrada en una relación intima y personal con Dios.
La adoración verdadera es un estilo de vida, no es un evento o actividad. La adoración verdadera esta centrada en Dios, no esta centrada en entretener a la gente. Muchos piensan que están adorando a Dios, y en realidad solo están creando un estilo eufórico en si mismos.
1 Samuel 16:7 dice: “Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”.
El corazón de un adorador es aquel que renuncia a sus beneficios con tal que Dios ocupe el primer lugar. Juan 3:30, “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.
Veamos un ejemplo bíblico de la veradera adoración en Lucas 7:36-48, dice asi: “36Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. 47Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados”.
El texto de la Biblia nos muestra a una mujer pecadora y de mala reputación que marcó el camino del arrepentimiento con sus propias lagrimas y desechó su propia gloria para lograr la gloria del Señor a través de un exuberante gesto de adoración.
Esa mujer se atrevió a entrar a una reunión privada para poder ver a Jesucristo aún sin haber sido invitada. Pero no llegó con las manos vacías, traía un frasco de alabastro lleno de perfume.
Llegó silenciosamente postrándose a los pies de Jesús y comenzó a regar con sus lagrimas sus pies y a enjugarlos con sus cabellos.
Esto nos habla de una gran humildad por parte de esa mujer. En aquel tiempo no existían los zapatos sino solo sandalias y muy probablemente los pies de Jesucristo se encontraban empolvados y tal vez hasta manchados con lodo.
No dejaba de besar sus pies y los ungía con el perfume que había traído. A diferencia de Simón quien le preparó una cena a Jesucristo, pero dejó a un lado lo más importante, esta mujer le dio a Jesucristo lo que El realmente desea: nuestra adoración.
Dios no necesita de nuestros servicios religiosos. Él desea nuestra adoración (v.24), y la única adoración que Él acepta es aquella que nace de un espíritu humilde, de un corazón contrito y humillado, de una actitud correcta, de ese corazón que está dispuesto a quebrar su vaso de alabastro en la presencia de Dios.
Jesucristo desea nuestra adoración con verdadera devoción. Desea que nos quebrantemos delante de su presencia y que le busquemos a El y no solo a sus bendiciones.
La verdadera adoración es aquella que no busca la mano del Señor para que nos dé sus bendiciones, sino que busca Su rostro a través de la adoración por encima de todas las cosas.
Veamos otro ejemplo en Apocalipsis 4:10-11, dice asi: “los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.
El orden que observamos en este pasaje es significativo, lo primero que vemos en el versículo 10 es que todos se postran.
Los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono. Esto es lo primero, y siempre viene en primer lugar. La postración nos habla de sumisión hacia Aquel a quien se adora, puesto que encontramos que ellos, se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono.
Es importante que observemos aquí, que primeramente tiene lugar la sumisión, y, en segundo término, el echar las coronas delante del trono.
En los tiempos en que se escribió el Apocalipsis, cuando las legiones romanas vencían a un rey, se le conducía a Roma para que se postrara a los pies del emperador, o bien, se lo ubicaba delante de una gran imagen del César, obligándolo a postrarse delante de ella y a echar su corona a sus pies. Este era un acto de sumisión total, de abdicación ante el emperador. De modo que Juan, en Apocalipsis 4, nos está mostrando dos condiciones básicas de la adoración. La primera es la postración, la sumisión total a Aquel a quien se adora.
La segunda es echar la corona a los pies del adorado.
Ahora bien, ¿cual es el significado de la corona aquí? Atrae la atención hacia quien la porta, lo enaltece, la corona constituye un símbolo de dignidad real. También la corona era usada por los reyes como distintivo de poder y como símbolo de victoria. Por lo tanto, el adorador sincero de Cristo, al echar su corona a los pies del Señor, esta diciendo: “yo deseo que solo Tu seas exaltado, que solo Tu seas glorificado”. Y esto nos habla de un deseo de vivir para la gloria de Cristo y solo la de El.
En el versículo 11 encontramos a los adoradores atribuyendo valor a Aquel que esta sobre el trono, diciéndole que El es digno. Esta es la adoración: La atribución de valor a Aquel a quien se adora.
En este pasaje los adoradores han renunciado a sus coronas y las han echado delante del trono, despojándose de su gloria y diciendo, Tu eres digno de recibir la gloria y solo Tu. Después vienen la honra y el poder.
Gloria, exaltación y honra, es lo que los hombres buscan. Es por eso que al adorar a Jesucristo debemos despojarnos de cualquier aspiración de gloria, de honor o de poder, pues solo El y solo El es digno de ellas.
La verdadera adoración es un acto que trae consecuencias en la vida del hombre. Isaias 6:1-8 dice: “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. 6Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; 7y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. 8Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”.
Podemos decir que lo que determina ser un adorador verdadero es: un corazón ardiente en la búsqueda de Dios y el anhelo de estar con El. No se trata de tener buena voz, o los elementos ceremoniales adecuados.
La verdadera adoración es un asunto del corazón. Es entregar nuestra vida para que brille El y no la arrogancia nuestra. Es reconocer nuestra condición frente al poderío de Dios, lo cual nos obliga a postrarnos delante de El y rodear todo nuestro ser en la correspondencia de Su amor.
Bibliografia
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rvr Reina Valera Revisada (1960)
rvr77 Reina Valera (revisión de 1977)
[1]Vine, W.E.: Vine Diccionario Expositivo De Palabras Del Antiguo Y Del Nuevo Testamento Exhaustivo. electronic ed. Nashville : Editorial Caribe, 2000, c1999
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[2]Lockward, Alfonso: Nuevo Diccionario De La Biblia. Miami : Editorial Unilit, 2003, S. 23
[3]Nelson, Wilton M. ; Mayo, Juan Rojas: Nelson Nuevo Diccionario Ilustrado De La Biblia. electronic ed. Nashville : Editorial Caribe, 2000, c1998
[4]Ryrie, Charles Caldwell: Teologı́a Básica. Miami : Editorial Unilit, 2003, S. 491
[5]Bartley, James ; Patterson, Juan B ; Wyatt, Joyce Cope ; Editorial Mundo Hispano (El Paso, Tex.): Comentario Bı́blico Mundo Hispano Juan. 1. ed. El Paso, TX : Editorial Mundo Hispano, 2004, S. 123
sábado, 25 de septiembre de 2010
!!!ADVERTENCIA!!!
Por: Stephen O. Searfoss
Quizas de las epístolas más preciosas e íntimas son las dos cartas que Pablo escribe a Timoteo, a quien llama mi verdadero hijo. En estas cartas Pablo esta preparando a Timoteo para hacer y seguir el ministerio que Dios les había dado.
Pablo le esta indicando que cosas debe hacer y que cosas no debe hacer para ser un buen servidor de Cristo Jesús. “Si enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen servidor de Cristo Jesús, nutrido con las verdades de la fe y de la buena enseñanza que paso a paso has seguido.” 1 Timoteo 4:6
¿Cuales son “estas cosas” a las que hace referencia Pablo?
Bueno, en el versículo uno empieza este capítulo diciendo “El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas.” 1 Timoteo 4:1 Podemos ampliar el significado de “estas cosas” viendo todo este capítulo o inclusive esta epístola. Pero el énfasis en el versículo uno es ¡¡“algunos abandonarán la fe”!! Para no poner palabras en la boca de Pablo, lo que dice es que había algunos que estando en un posición de “no abandono” de la fe van a pasar a un estado de “abandonar la fe”. Si leemos toda las epístola podemos ver que Pablo esta usando la palabra “fe” para referirse a todo lo que vive, aprecia y cree el cristiano.
Ahora este tipo de advertencia no es muy aceptado por la mayoría de los creyentes hoy en día. De hecho hay dos frases muy populares y generalmente aceptadas que dicen algo asi: “Una vez que eres salvo siempre serás salvo” o “La salvación no se pierde”. Generalmente hoy en día estamos dando consuelo y seguridad incondicional con estas frases en vez de dar el grito de alarma y advertencia como los hace Pablo en este pasaje.
Es importante notar que estas dos frases: “Una vez que eres salvo siempre serás salvo” o “La salvación no se pierde” no son versículos bíblicos. Pon por favor mucha atención en lo que voy a decir aqui. Estas dos frases no son bíblicos en el sentido de que el Espíritu Santo jamas inspiro a ninguno de los autores del Nuevo Testamento para expresar con las palabras de estas dos frases una enseñaza para nosotros. ¿Queda claro? Hay versículos de seguridad y consuelo en el Nuevo Testamento, sin lugar a dudas, pero expresados con otras palabras, no con las palabras de estas dos frases.
Cuando tenemos una doctrina 100% bíblica, basta citar textualmente uno o más textos de la misma Palabra de Dios para recordar o afirmar tal doctrina. Por el contrario debemos tener cuidado cuando necesito usar otras palabras para “reexpresar” lo que pienso que es la enseñanza de la escritura.
Veamos esto en la práctica. ¿Cuando Pablo dice que “algunos abandonarán la fe” esta diciendo que fueron salvos y ahora ya no son salvos? Bueno, se puede decir que en este pasaje el Espíritu Santo no le ha dirigido a hablarnos en esos términos o con esas palabras. Pero como hice notar arriba si comunica algo claro, seguro y cierto que es que había algunos que estando en un posición de “no abandono” de la fe van a pasar a un estado de “abandonar la fe”. Esto es lo que nos debe advertir y preocupar y no el tratar de alegar aquí otros términos y palabras como son las frases populares “no bíblicos” citados arriba. Claro que enriquecemos nuestro entendimiento al ver este versículo en conjunto con todos los demás pasajes de la Palabra.
Hay una lógica que lleva a argumentar la seguridad incondicional de la salvación. Pablo mismo ha expresado bajo inspiración del Espíritu Santo esto: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.” Efesios 2:8-9. Esta lógica dice que ya que somos salvos por gracia y no por obras, no hay nada que podemos hacer para perder nuestra salvación. Pablo no esta siguiendo la lógica para escribir su epístola a Timoteo, ¡gracias a Dios! Pablo dice en el pasaje citado “El Espíritu dice claramente”. ¿Entonces queremos seguir lo que la lógica dice para siempre dar consuelo y seguridad incondicional? O ¿Queremos poner atención a lo que “El Espíritu dice claramente” en este caso que “algunos abandonarán la fe”?
Dejame ser claro y honesto. Si no fuera por la gracia de Dios yo jamas hubiera sido salvo. Si no fuera por la gracia de Dios yo jamas hubiera participado de la fe que habla Pablo. Si no fuera por la gracia de Dios, yo hubiera abandonado la fe en muchas ocasiones y sin regresar a la fe. No es por obras.
No se trata aquí tampoco de una discusión necia de que mis versículos valen más que tus versículos. No trato de decir que los pasajes de advertencia en la Biblia valen más que los pasajes de seguridad y consuelo. ¡No! Jesús dijo, “Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar.” Juan 10:28-29 Gracias a Dios que Jesús nos da la vida eterna, que nunca vamos a perecer y que nadie nos puede arrebatar de la mano de Jesús ni del Padre.
Lo que trato de hacer es balancear nuestra compresión de la escritura y hacer notar que junto con los pasajes de consuelo hay pasajes de advertencia. No sólo de Pablo, sino Jesús mismo quizas nos dió la mayor advertencia.
‘»No todo el que me dice: “Señor, Señor” , entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” ‘Mateo 7:21-23
Entonces Jesús mismo nos da consuelo y a la vez nos advierte. (Es interesante notar que al darnos consuelo habla de lo que Él y él Padre hacen y al advertirnos habla de lo que nosotros decimos y pensamos.) Este es el tipo de balance que estoy tratando lograr en nuestra compresión y enseñanza de la Palabra.
Veamos lo que Jesús enseña como advertencia. ‘No todo el que me dice: “Señor, Señor” , entrará en el reino de los cielos’. Pone el caso de “muchos” no pocos, que le dicen a Jesús “Señor, Señor”. ¿Sería esto el equivalente de decir yo soy cristiano? Son personas que dicen Jesús es mi Señor. Normalmente diríamos, ¡ah! Este es un cristiano, juzgando por las apariencias. Pero estas personas no sólo dicen que Jesús es Señor, sino que “profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros”. Impresionante. Otra vez en base a su dicho nosotros diríamos esos son “super cristianos”. Perdemos el valor de este pasaje cuando solo lo usamos para aplicarselo a otros. Me he puesto a pensar acerca de los muchos en este pasaje. ¿Que estaban pensando realmente ellos? ¿Pensaban realmente, con toda sinceridad para ellos mismos que eran super cristianos? ¿Su grande ego les hizo perder contacto con la realidad? ¿O sabían que todo era una actuación una imágen que proyectaban porque les convenía? ¿Pensaban que toda la vida habían engañado a los demás y ahora no les quedaba otra que ver si podían engañar al mismo Jesús?
Jesús deja muy en claro la posición de estos muchos, “Jamás los conocí”. Para efectos de doctrina podemos ver que jamás fueron cristianos, no perdieron una salvación, jamás lo tuvieron. Pero a nivel práctico, es probable que pensaban que si eran cristianos y probable que muchos otros también pensaban que eran cristianos. La parábola del trigo y la cizaña nos indica que probablemente en cada iglesia, cada domingo, en las bancas y quizás hasta en el púlpito hay personas que piensan que son cristianos, que hasta podrían parecer super cristianos, que quizás tengan un ego desenfrenado pero que en realidad jamas, nótese bien, han sido conocidos por nuestro Señor Jesucristo. ¿Que diríamos de los muchos que ya no “necesitan” congregarse? He allí la necesidad de predicar advertencias como esta de Jesús, como la de Pablo. El solo predicar consuelo y seguridad incondicional solo va a dormir a estos muchos en su camino a la declaratoria “¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!”
Asi que te invito a considerar hoy tu relación con Jesús. ¿Estas confiando sólo en promesas de consuelo incondicional? ¿Tienes ríos de agua viva fluyendo de tu interior? O ¿Estas en piloto automático confiando sólo en algo que hicistes o profesastes hace bastante tiempo?
Mi intención no es condenar sino invitar a llegar por primera vez o regresar a la fe en el sentido que lo usa Pablo. ¿Quieres ser conocido por Jesús? Creo que la oración del salmista es un buen inicio, “Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.” Salmos 139:23-24 ¿Puedes orar esto con todo el corazón hoy?
Como pastor a menudo me toca hablar en un funeraria, en un panteón o en un culto memorial cuando alguien ha partido a su juicio ante Dios. Ahora bien un pastor no puede decir nada para enviar alguien al cielo ni al infierno. Pero, ¿que debe decir un pastor ante la memoria vaga de alguien que pocas veces se gozaba de comunión con otros creyentes, no se esforzo por mostrar el amor de Dios a los necesitados ni era una lampara encendida para que otros conocieran al Señor? ¿Que era un amante del cine? ¿Que era un golfista sobresaliente? ¿Que debemos entender sus adulterios?
Todos estamos en el camino a la eternidad. Es por eso que oro sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.
Esteban
P.D. El tema de los pasajes de advertencia es grande. Este solo ha sido una introducción a este tema.
Quizas de las epístolas más preciosas e íntimas son las dos cartas que Pablo escribe a Timoteo, a quien llama mi verdadero hijo. En estas cartas Pablo esta preparando a Timoteo para hacer y seguir el ministerio que Dios les había dado.
Pablo le esta indicando que cosas debe hacer y que cosas no debe hacer para ser un buen servidor de Cristo Jesús. “Si enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen servidor de Cristo Jesús, nutrido con las verdades de la fe y de la buena enseñanza que paso a paso has seguido.” 1 Timoteo 4:6
¿Cuales son “estas cosas” a las que hace referencia Pablo?
Bueno, en el versículo uno empieza este capítulo diciendo “El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas.” 1 Timoteo 4:1 Podemos ampliar el significado de “estas cosas” viendo todo este capítulo o inclusive esta epístola. Pero el énfasis en el versículo uno es ¡¡“algunos abandonarán la fe”!! Para no poner palabras en la boca de Pablo, lo que dice es que había algunos que estando en un posición de “no abandono” de la fe van a pasar a un estado de “abandonar la fe”. Si leemos toda las epístola podemos ver que Pablo esta usando la palabra “fe” para referirse a todo lo que vive, aprecia y cree el cristiano.
Ahora este tipo de advertencia no es muy aceptado por la mayoría de los creyentes hoy en día. De hecho hay dos frases muy populares y generalmente aceptadas que dicen algo asi: “Una vez que eres salvo siempre serás salvo” o “La salvación no se pierde”. Generalmente hoy en día estamos dando consuelo y seguridad incondicional con estas frases en vez de dar el grito de alarma y advertencia como los hace Pablo en este pasaje.
Es importante notar que estas dos frases: “Una vez que eres salvo siempre serás salvo” o “La salvación no se pierde” no son versículos bíblicos. Pon por favor mucha atención en lo que voy a decir aqui. Estas dos frases no son bíblicos en el sentido de que el Espíritu Santo jamas inspiro a ninguno de los autores del Nuevo Testamento para expresar con las palabras de estas dos frases una enseñaza para nosotros. ¿Queda claro? Hay versículos de seguridad y consuelo en el Nuevo Testamento, sin lugar a dudas, pero expresados con otras palabras, no con las palabras de estas dos frases.
Cuando tenemos una doctrina 100% bíblica, basta citar textualmente uno o más textos de la misma Palabra de Dios para recordar o afirmar tal doctrina. Por el contrario debemos tener cuidado cuando necesito usar otras palabras para “reexpresar” lo que pienso que es la enseñanza de la escritura.
Veamos esto en la práctica. ¿Cuando Pablo dice que “algunos abandonarán la fe” esta diciendo que fueron salvos y ahora ya no son salvos? Bueno, se puede decir que en este pasaje el Espíritu Santo no le ha dirigido a hablarnos en esos términos o con esas palabras. Pero como hice notar arriba si comunica algo claro, seguro y cierto que es que había algunos que estando en un posición de “no abandono” de la fe van a pasar a un estado de “abandonar la fe”. Esto es lo que nos debe advertir y preocupar y no el tratar de alegar aquí otros términos y palabras como son las frases populares “no bíblicos” citados arriba. Claro que enriquecemos nuestro entendimiento al ver este versículo en conjunto con todos los demás pasajes de la Palabra.
Hay una lógica que lleva a argumentar la seguridad incondicional de la salvación. Pablo mismo ha expresado bajo inspiración del Espíritu Santo esto: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.” Efesios 2:8-9. Esta lógica dice que ya que somos salvos por gracia y no por obras, no hay nada que podemos hacer para perder nuestra salvación. Pablo no esta siguiendo la lógica para escribir su epístola a Timoteo, ¡gracias a Dios! Pablo dice en el pasaje citado “El Espíritu dice claramente”. ¿Entonces queremos seguir lo que la lógica dice para siempre dar consuelo y seguridad incondicional? O ¿Queremos poner atención a lo que “El Espíritu dice claramente” en este caso que “algunos abandonarán la fe”?
Dejame ser claro y honesto. Si no fuera por la gracia de Dios yo jamas hubiera sido salvo. Si no fuera por la gracia de Dios yo jamas hubiera participado de la fe que habla Pablo. Si no fuera por la gracia de Dios, yo hubiera abandonado la fe en muchas ocasiones y sin regresar a la fe. No es por obras.
No se trata aquí tampoco de una discusión necia de que mis versículos valen más que tus versículos. No trato de decir que los pasajes de advertencia en la Biblia valen más que los pasajes de seguridad y consuelo. ¡No! Jesús dijo, “Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar.” Juan 10:28-29 Gracias a Dios que Jesús nos da la vida eterna, que nunca vamos a perecer y que nadie nos puede arrebatar de la mano de Jesús ni del Padre.
Lo que trato de hacer es balancear nuestra compresión de la escritura y hacer notar que junto con los pasajes de consuelo hay pasajes de advertencia. No sólo de Pablo, sino Jesús mismo quizas nos dió la mayor advertencia.
‘»No todo el que me dice: “Señor, Señor” , entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” ‘Mateo 7:21-23
Entonces Jesús mismo nos da consuelo y a la vez nos advierte. (Es interesante notar que al darnos consuelo habla de lo que Él y él Padre hacen y al advertirnos habla de lo que nosotros decimos y pensamos.) Este es el tipo de balance que estoy tratando lograr en nuestra compresión y enseñanza de la Palabra.
Veamos lo que Jesús enseña como advertencia. ‘No todo el que me dice: “Señor, Señor” , entrará en el reino de los cielos’. Pone el caso de “muchos” no pocos, que le dicen a Jesús “Señor, Señor”. ¿Sería esto el equivalente de decir yo soy cristiano? Son personas que dicen Jesús es mi Señor. Normalmente diríamos, ¡ah! Este es un cristiano, juzgando por las apariencias. Pero estas personas no sólo dicen que Jesús es Señor, sino que “profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros”. Impresionante. Otra vez en base a su dicho nosotros diríamos esos son “super cristianos”. Perdemos el valor de este pasaje cuando solo lo usamos para aplicarselo a otros. Me he puesto a pensar acerca de los muchos en este pasaje. ¿Que estaban pensando realmente ellos? ¿Pensaban realmente, con toda sinceridad para ellos mismos que eran super cristianos? ¿Su grande ego les hizo perder contacto con la realidad? ¿O sabían que todo era una actuación una imágen que proyectaban porque les convenía? ¿Pensaban que toda la vida habían engañado a los demás y ahora no les quedaba otra que ver si podían engañar al mismo Jesús?
Jesús deja muy en claro la posición de estos muchos, “Jamás los conocí”. Para efectos de doctrina podemos ver que jamás fueron cristianos, no perdieron una salvación, jamás lo tuvieron. Pero a nivel práctico, es probable que pensaban que si eran cristianos y probable que muchos otros también pensaban que eran cristianos. La parábola del trigo y la cizaña nos indica que probablemente en cada iglesia, cada domingo, en las bancas y quizás hasta en el púlpito hay personas que piensan que son cristianos, que hasta podrían parecer super cristianos, que quizás tengan un ego desenfrenado pero que en realidad jamas, nótese bien, han sido conocidos por nuestro Señor Jesucristo. ¿Que diríamos de los muchos que ya no “necesitan” congregarse? He allí la necesidad de predicar advertencias como esta de Jesús, como la de Pablo. El solo predicar consuelo y seguridad incondicional solo va a dormir a estos muchos en su camino a la declaratoria “¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!”
Asi que te invito a considerar hoy tu relación con Jesús. ¿Estas confiando sólo en promesas de consuelo incondicional? ¿Tienes ríos de agua viva fluyendo de tu interior? O ¿Estas en piloto automático confiando sólo en algo que hicistes o profesastes hace bastante tiempo?
Mi intención no es condenar sino invitar a llegar por primera vez o regresar a la fe en el sentido que lo usa Pablo. ¿Quieres ser conocido por Jesús? Creo que la oración del salmista es un buen inicio, “Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.” Salmos 139:23-24 ¿Puedes orar esto con todo el corazón hoy?
Como pastor a menudo me toca hablar en un funeraria, en un panteón o en un culto memorial cuando alguien ha partido a su juicio ante Dios. Ahora bien un pastor no puede decir nada para enviar alguien al cielo ni al infierno. Pero, ¿que debe decir un pastor ante la memoria vaga de alguien que pocas veces se gozaba de comunión con otros creyentes, no se esforzo por mostrar el amor de Dios a los necesitados ni era una lampara encendida para que otros conocieran al Señor? ¿Que era un amante del cine? ¿Que era un golfista sobresaliente? ¿Que debemos entender sus adulterios?
Todos estamos en el camino a la eternidad. Es por eso que oro sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.
Esteban
P.D. El tema de los pasajes de advertencia es grande. Este solo ha sido una introducción a este tema.
viernes, 9 de julio de 2010
La esperanza del miserable
¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro! Romanos 7.24–25
Lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que detesto, eso hago… no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. (Ro 7.15, 20).
¿Quién de nosotros no se ha sentido identificado con la descripción tan acertada que hace Pablo de la lucha que tenemos con el pecado? Leemos este pasaje y no podemos evitar exclamar: ¡ese soy yo! Este es el calvario diario de nuestra existencia. Nuestro espíritu anhela todo aquello que es bueno y puro; pero nuestro cuerpo está gobernado por una ley que, en ocasiones, parece indomable. A cada rato sentimos las insinuaciones seductoras del pecado, invitándonos a caminar por el camino que aborrecemos. ¡Miserable de nosotros!
La pregunta del apóstol, ¿quién nos librará de este cuerpo de muerte?, no es tanto una pregunta teológica como la frustrada exclamación de quien se siente agobiado por la constante lucha con la carne. Esta pregunta refleja su agonía personal.
Debemos prestar mucha atención a la respuesta, pues en ella encontramos la libertad que tanto anhelamos. La solución a nuestra lucha no es un programa sino una persona: CRISTO JESUS. Esto contradice toda nuestra formación, pues somos parte de un pueblo que ha construido su existencia sobre «el hacer». Nuestra filosofía privilegia el movimiento y la acción decisiva, sobre la pasividad y la quietud. Cuando se nos presenta un desafío, nos informamos acerca de las formas más eficaces de hacerle frente y luego intentamos avanzar confiadamente hacia la conquista del problema. Creemos que la cuota indicada de esfuerzo y perseverancia harán que los obstáculos desaparezcan. En muchas esferas de la vida ocurre así. Mas el pecado no se resuelve con ningún programa, tampoco cede frente a los persistentes embates de la disciplina. El pecado es una realidad que no podemos vencer.
¿Quién nos puede librar? ¡Cristo Jesús, Señor nuestro! ¿Cómo lo hace? ¡No sabemos!, pero él es la solución para nuestra lucha. Una vez más viene a nuestra mente la imagen de Cristo agonizando en Getsemaní. Su lucha es la nuestra: el espíritu quería someterse a la voluntad del Padre, pero la carne se rebelaba contra este deseo. ¿Cómo solucionó su dilema? Buscó el rostro del Padre. No vemos ninguna manifestación física del Espíritu en esta escena. No somos testigos de ningún accionar dramático en la vida de Cristo. Solamente lo podemos observar derramando su dilema delante del Padre. Luego de volver por tercera vez, su lucha terminó. La paz se había instalado en su interior. La carne se había sujetado al Espíritu.
Quizás es lo misterioso del proceso lo que crea en nosotros una resistencia a aceptar una solución tan sencilla. Sin embargo, no podemos escapar de esta realidad. La exhortación de la Palabra es que le busquemos a él. No pongamos nuestra esperanza en un programa de cinco pasos fáciles, ni en un libro, ni tampoco en un curso. ¿Quién puede librarnos? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro!
¿Qué siente cuando hace lo que no quiere? ¿Qué pasos da para solucionarlo? ¿Cómo participa Cristo de esta solución?
Lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que detesto, eso hago… no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. (Ro 7.15, 20).
¿Quién de nosotros no se ha sentido identificado con la descripción tan acertada que hace Pablo de la lucha que tenemos con el pecado? Leemos este pasaje y no podemos evitar exclamar: ¡ese soy yo! Este es el calvario diario de nuestra existencia. Nuestro espíritu anhela todo aquello que es bueno y puro; pero nuestro cuerpo está gobernado por una ley que, en ocasiones, parece indomable. A cada rato sentimos las insinuaciones seductoras del pecado, invitándonos a caminar por el camino que aborrecemos. ¡Miserable de nosotros!
La pregunta del apóstol, ¿quién nos librará de este cuerpo de muerte?, no es tanto una pregunta teológica como la frustrada exclamación de quien se siente agobiado por la constante lucha con la carne. Esta pregunta refleja su agonía personal.
Debemos prestar mucha atención a la respuesta, pues en ella encontramos la libertad que tanto anhelamos. La solución a nuestra lucha no es un programa sino una persona: CRISTO JESUS. Esto contradice toda nuestra formación, pues somos parte de un pueblo que ha construido su existencia sobre «el hacer». Nuestra filosofía privilegia el movimiento y la acción decisiva, sobre la pasividad y la quietud. Cuando se nos presenta un desafío, nos informamos acerca de las formas más eficaces de hacerle frente y luego intentamos avanzar confiadamente hacia la conquista del problema. Creemos que la cuota indicada de esfuerzo y perseverancia harán que los obstáculos desaparezcan. En muchas esferas de la vida ocurre así. Mas el pecado no se resuelve con ningún programa, tampoco cede frente a los persistentes embates de la disciplina. El pecado es una realidad que no podemos vencer.
¿Quién nos puede librar? ¡Cristo Jesús, Señor nuestro! ¿Cómo lo hace? ¡No sabemos!, pero él es la solución para nuestra lucha. Una vez más viene a nuestra mente la imagen de Cristo agonizando en Getsemaní. Su lucha es la nuestra: el espíritu quería someterse a la voluntad del Padre, pero la carne se rebelaba contra este deseo. ¿Cómo solucionó su dilema? Buscó el rostro del Padre. No vemos ninguna manifestación física del Espíritu en esta escena. No somos testigos de ningún accionar dramático en la vida de Cristo. Solamente lo podemos observar derramando su dilema delante del Padre. Luego de volver por tercera vez, su lucha terminó. La paz se había instalado en su interior. La carne se había sujetado al Espíritu.
Quizás es lo misterioso del proceso lo que crea en nosotros una resistencia a aceptar una solución tan sencilla. Sin embargo, no podemos escapar de esta realidad. La exhortación de la Palabra es que le busquemos a él. No pongamos nuestra esperanza en un programa de cinco pasos fáciles, ni en un libro, ni tampoco en un curso. ¿Quién puede librarnos? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro!
¿Qué siente cuando hace lo que no quiere? ¿Qué pasos da para solucionarlo? ¿Cómo participa Cristo de esta solución?
miércoles, 7 de julio de 2010
Pastores, no señores
Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros… no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 1 Pedro 5.2–3
Entre los problemas que más frecuentemente anulan el ministerio del pastor está la tendencia a confundir la responsabilidad pastoral con un llamado a adueñarse de la vida de los miembros del cuerpo de Cristo. Probablemente esta postura sea la que más ha contribuido a frenar los proyectos del reino y a dañar profundamente la vida espiritual de los hijos de Dios.
El pasaje que leimos contiene un llamado a apacentar la grey de Dios. La palabra «apacentar» comunica el concepto de bondad, ternura y tranquilidad. Quien ha tenido la oportunidad de observar a un pastor de ovejas habrá notado que, de todos los trabajos que involucran el cuidado de animales, este es el que requiere mayor mansedumbre y sosiego. La oveja es un animal indefenso que fácilmente se mete en problemas. El buen pastor la conduce con un espíritu apacible y contagia al animal su propio comportamiento lento y pausado. Los movimientos violentos y agresivos tienden a espantar al rebaño.
A modo de aclaración, el apóstol Pedro específicamente instruye a los ancianos a que no se enseñoreen de la grey. El diccionario define el término como «controlar, subyugar, ejercer dominio, imponerse». Estas definiciones revelan un agresivo espíritu de competencia que busca una posición de supremacía sobre los demás; viene acompañado del mensaje implícito de que el pastor merece esa posición de superioridad por ser mejor que los demás, ya sea por su rol, por sus dones o por su llamado.
En la práctica, esta actitud produce congregaciones llenas de tensiones. La palabra del pastor no puede ser cuestionada porque tiene mayor autoridad que los demás. El pastor tiene derecho a decidir por los demás, sin darles la oportunidad a que piensen o participen en el proceso. Puede imponer cambios en la congregación sin consultar a nadie, simplemente por ser el pastor. Todas las decisiones que los demás quieran tomar deben ser autorizadas por su persona. Nadie puede avanzar en un proyecto si él no ha dado su «visto bueno».
Usted ya se habrá dado cuenta que esta situación tiene matices bastante enfermizos. No obstante, es muy triste ver la cantidad de congregaciones que funcionan con estos parámetros. Pedro ofrece una alternativa a este modelo: que el pastor/anciano sea de ejemplo. En este enfoque el énfasis está en la vida del líder. Lo llama a estar más preocupado por su propia conducta que por vigilar si los demás lo obedecen o toman en cuenta. La razón es sencilla: el factor que más afecta el proceso de transformación en los demás es el impacto de una vida santa. El pastor no debe obligar a los demás, sino que, con su propia devoción, debe influenciarlos para ser como Cristo. ¡Qué tremendo desafío! Pero bien vale la pena invertir en este estilo de liderazgo. ¡Las personas a las que usted ministra jamás serán iguales!
¿Qué clase de líder es usted? ¿Cómo lo describirián las personas que lo conocen? ¿Qué cosas necesita hacer para ser más pastor y menos «señor»?
Entre los problemas que más frecuentemente anulan el ministerio del pastor está la tendencia a confundir la responsabilidad pastoral con un llamado a adueñarse de la vida de los miembros del cuerpo de Cristo. Probablemente esta postura sea la que más ha contribuido a frenar los proyectos del reino y a dañar profundamente la vida espiritual de los hijos de Dios.
El pasaje que leimos contiene un llamado a apacentar la grey de Dios. La palabra «apacentar» comunica el concepto de bondad, ternura y tranquilidad. Quien ha tenido la oportunidad de observar a un pastor de ovejas habrá notado que, de todos los trabajos que involucran el cuidado de animales, este es el que requiere mayor mansedumbre y sosiego. La oveja es un animal indefenso que fácilmente se mete en problemas. El buen pastor la conduce con un espíritu apacible y contagia al animal su propio comportamiento lento y pausado. Los movimientos violentos y agresivos tienden a espantar al rebaño.
A modo de aclaración, el apóstol Pedro específicamente instruye a los ancianos a que no se enseñoreen de la grey. El diccionario define el término como «controlar, subyugar, ejercer dominio, imponerse». Estas definiciones revelan un agresivo espíritu de competencia que busca una posición de supremacía sobre los demás; viene acompañado del mensaje implícito de que el pastor merece esa posición de superioridad por ser mejor que los demás, ya sea por su rol, por sus dones o por su llamado.
En la práctica, esta actitud produce congregaciones llenas de tensiones. La palabra del pastor no puede ser cuestionada porque tiene mayor autoridad que los demás. El pastor tiene derecho a decidir por los demás, sin darles la oportunidad a que piensen o participen en el proceso. Puede imponer cambios en la congregación sin consultar a nadie, simplemente por ser el pastor. Todas las decisiones que los demás quieran tomar deben ser autorizadas por su persona. Nadie puede avanzar en un proyecto si él no ha dado su «visto bueno».
Usted ya se habrá dado cuenta que esta situación tiene matices bastante enfermizos. No obstante, es muy triste ver la cantidad de congregaciones que funcionan con estos parámetros. Pedro ofrece una alternativa a este modelo: que el pastor/anciano sea de ejemplo. En este enfoque el énfasis está en la vida del líder. Lo llama a estar más preocupado por su propia conducta que por vigilar si los demás lo obedecen o toman en cuenta. La razón es sencilla: el factor que más afecta el proceso de transformación en los demás es el impacto de una vida santa. El pastor no debe obligar a los demás, sino que, con su propia devoción, debe influenciarlos para ser como Cristo. ¡Qué tremendo desafío! Pero bien vale la pena invertir en este estilo de liderazgo. ¡Las personas a las que usted ministra jamás serán iguales!
¿Qué clase de líder es usted? ¿Cómo lo describirián las personas que lo conocen? ¿Qué cosas necesita hacer para ser más pastor y menos «señor»?
sábado, 12 de junio de 2010
Dar con sacrificio
Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le parezca; ahí tienes bueyes para el holocausto, los trillos y los yugos de los bueyes para leña. Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová, tu Dios, te sea propicio. El rey dijo a Arauna: No; la compraré por su precio; porque no ofreceré a Jehová, mi Dios, holocaustos que no me cuesten nada. Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 2 Samuel 24.22–24
El Señor había instruido a David, conforme a la palabra del profeta Gad, que subiera a la era de Arauna, Jebuseo, para ofrecer un sacrificio que detuviera la plaga que había caído sobre Israel por causa del censo del pueblo. Cuando llegó a la casa de Arauna este le dio libertad de escoger todo lo que quisiera de entre sus pertenencias, para realizar el holocausto necesario. En la respuesta de David observamos dos importantes principios.
En primer lugar, hemos de notar que como rey se podría haber servido de lo que quisiera. Era uno de los «privilegios» que acompañaba la investidura que llevaba. Es más, el mismo Arauna le ofreció al rey, de su propia voluntad, que se sirviera libremente de sus pertenencias. Mas David entendía que a un gobernante le correspondía velar por los derechos de los demás, haciendo a un lado privilegios que podían ser perfectamente legítimos. A mayor autoridad, mayor cautela en el uso de ella, de manera que los más débiles no sientan que se aprovechan de ellos.
A muchos pastores les vendría bien recordar que la posición que ocupan está acompañada por un llamado a ser extremadamente cuidadosos a la hora de ejercer algún privilegio especial con los que pastorean.
En segundo lugar, David se rehusó a tomar de lo que Arauna le ofreció, porque entendía que los sacrificios que no tienen precio no tienen validez para la vida espiritual. Este principio tiene especial importancia porque con frecuencia damos no de lo que nos cuesta, sino de lo que nos sobra. Lo que sobra, sin embargo, rara vez duele, precisamente porque no lo necesitamos.
Pero ¿por qué es importante que nuestra ofrenda tenga una cuota de sacrificio personal? En la respuesta a esta pregunta radica la esencia misma del reino de Dios. El precio por resolver la situación pecaminosa del hombre fue la vida del Hijo de Dios. Es un precio sumamente elevado porque las dimensiones del problema son de una gravedad absoluta. Las soluciones fáciles son el resultado predecible de considerar con frivolidad la realidad del ser humano. Y quien considera con liviandad la problemática del pecado está condenado a seguir atormentado y atado por sus devastadores efectos en la vida. Solamente cuando estamos dispuestos a acompañar el sacrificio de Cristo con una devoción que exige la negación de uno mismo, veremos un fruto genuino en nuestra vida espiritual. David entendía esta realidad, y por eso ofrendó con sacrificio.
«Una religión que no cuesta nada, tampoco vale nada». J. C. Ryle.
El Señor había instruido a David, conforme a la palabra del profeta Gad, que subiera a la era de Arauna, Jebuseo, para ofrecer un sacrificio que detuviera la plaga que había caído sobre Israel por causa del censo del pueblo. Cuando llegó a la casa de Arauna este le dio libertad de escoger todo lo que quisiera de entre sus pertenencias, para realizar el holocausto necesario. En la respuesta de David observamos dos importantes principios.
En primer lugar, hemos de notar que como rey se podría haber servido de lo que quisiera. Era uno de los «privilegios» que acompañaba la investidura que llevaba. Es más, el mismo Arauna le ofreció al rey, de su propia voluntad, que se sirviera libremente de sus pertenencias. Mas David entendía que a un gobernante le correspondía velar por los derechos de los demás, haciendo a un lado privilegios que podían ser perfectamente legítimos. A mayor autoridad, mayor cautela en el uso de ella, de manera que los más débiles no sientan que se aprovechan de ellos.
A muchos pastores les vendría bien recordar que la posición que ocupan está acompañada por un llamado a ser extremadamente cuidadosos a la hora de ejercer algún privilegio especial con los que pastorean.
En segundo lugar, David se rehusó a tomar de lo que Arauna le ofreció, porque entendía que los sacrificios que no tienen precio no tienen validez para la vida espiritual. Este principio tiene especial importancia porque con frecuencia damos no de lo que nos cuesta, sino de lo que nos sobra. Lo que sobra, sin embargo, rara vez duele, precisamente porque no lo necesitamos.
Pero ¿por qué es importante que nuestra ofrenda tenga una cuota de sacrificio personal? En la respuesta a esta pregunta radica la esencia misma del reino de Dios. El precio por resolver la situación pecaminosa del hombre fue la vida del Hijo de Dios. Es un precio sumamente elevado porque las dimensiones del problema son de una gravedad absoluta. Las soluciones fáciles son el resultado predecible de considerar con frivolidad la realidad del ser humano. Y quien considera con liviandad la problemática del pecado está condenado a seguir atormentado y atado por sus devastadores efectos en la vida. Solamente cuando estamos dispuestos a acompañar el sacrificio de Cristo con una devoción que exige la negación de uno mismo, veremos un fruto genuino en nuestra vida espiritual. David entendía esta realidad, y por eso ofrendó con sacrificio.
«Una religión que no cuesta nada, tampoco vale nada». J. C. Ryle.
jueves, 10 de junio de 2010
Palabra de vida
Orad... por mí, a fin de que al abrir mi boca, me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio. Efesios 6.19
¡Qué interesante es este pedido de Pablo a los creyentes de la iglesia de Éfeso! Sería bueno que todos los que estamos involucrados en la proclamación de la Palabra pudiéramos solicitar esto antes de cada compromiso ministerial.
La construcción de la frase nos muestra claramente dónde podemos errar en el ministerio de la proclamación. Es fácil abrir la boca pero no es tan sencillo hablar palabra de lo alto. De hecho, es una de las características que más preocupan en la iglesia del siglo XXI, la falta de Palabra en muchas de las predicaciones y enseñanzas que se escuchan hoy. Ha crecido mucho la tendencia de leer un versículo para luego compartir las propias opiniones acerca de cómo obra Dios y qué es lo que está haciendo en este tiempo. El resultado es que tenemos una interminable sucesión de «intérpretes» espirituales, enamorados de sus propios razonamientos, pero escasea la Palabra pura de Dios que es poderosa para transformar la vida de los oyentes.
En las personas que han recibido formación en el arte de la buena comunicación, el peligro es aún mayor, pues pueden disfrazar con mucha elegancia su ignorancia de la Palabra utilizando todos los recursos de la buena oratoria. El resultado puede entretener, pero no ayuda a que el pueblo avance hacia la madurez en Cristo Jesús.
Pablo tenía un deseo similar al de Cristo. El Hijo de Dios le dijo a sus discípulos: «Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió» (Jn 7.16 - LBLA). Más adelante aclaró: «No he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo me ha enviado, me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar» (Jn 12.49 - LBLA). De la misma manera, el apóstol -que no era ningún neófito en temas de comunicación- temblaba ante la posibilidad de malgastar el tiempo hablando de sus propias opiniones e ideas. Por eso le pedía a los creyentes que oraran por él, para que cuando abriera su boca no se escucharan palabras de hombre, sino de Dios.
Debemos, como líderes, tener convicción de que esta es la única Palabra que vale la pena compartir. Nuestra palabra informa, entretiene y aclara; pero se entremezcla con las miles de palabras que escucha el pueblo cada semana por la radio, la televisión y por boca de vecinos, compañeros de trabajo y amigos. Solamente la Palabra de Dios es «viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb 4.12–13 - LBLA). Puede ser proclamada con suma sencillez, más su efecto será profundo y duradero porque esta es la Palabra que tiene vida.
Para proclamar Su Palabra necesitamos ser estudiantes de La Palabra. ¿Cuánto tiempo está dedicando al estudio diligente de las Escrituras? ¿Qué efecto tiene esto sobre su vida personal? ¿Sobre su vida ministerial? ¿Qué otras cosas puede hacer para crecer en el conocimiento de la Palabra?
¡Qué interesante es este pedido de Pablo a los creyentes de la iglesia de Éfeso! Sería bueno que todos los que estamos involucrados en la proclamación de la Palabra pudiéramos solicitar esto antes de cada compromiso ministerial.
La construcción de la frase nos muestra claramente dónde podemos errar en el ministerio de la proclamación. Es fácil abrir la boca pero no es tan sencillo hablar palabra de lo alto. De hecho, es una de las características que más preocupan en la iglesia del siglo XXI, la falta de Palabra en muchas de las predicaciones y enseñanzas que se escuchan hoy. Ha crecido mucho la tendencia de leer un versículo para luego compartir las propias opiniones acerca de cómo obra Dios y qué es lo que está haciendo en este tiempo. El resultado es que tenemos una interminable sucesión de «intérpretes» espirituales, enamorados de sus propios razonamientos, pero escasea la Palabra pura de Dios que es poderosa para transformar la vida de los oyentes.
En las personas que han recibido formación en el arte de la buena comunicación, el peligro es aún mayor, pues pueden disfrazar con mucha elegancia su ignorancia de la Palabra utilizando todos los recursos de la buena oratoria. El resultado puede entretener, pero no ayuda a que el pueblo avance hacia la madurez en Cristo Jesús.
Pablo tenía un deseo similar al de Cristo. El Hijo de Dios le dijo a sus discípulos: «Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió» (Jn 7.16 - LBLA). Más adelante aclaró: «No he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo me ha enviado, me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar» (Jn 12.49 - LBLA). De la misma manera, el apóstol -que no era ningún neófito en temas de comunicación- temblaba ante la posibilidad de malgastar el tiempo hablando de sus propias opiniones e ideas. Por eso le pedía a los creyentes que oraran por él, para que cuando abriera su boca no se escucharan palabras de hombre, sino de Dios.
Debemos, como líderes, tener convicción de que esta es la única Palabra que vale la pena compartir. Nuestra palabra informa, entretiene y aclara; pero se entremezcla con las miles de palabras que escucha el pueblo cada semana por la radio, la televisión y por boca de vecinos, compañeros de trabajo y amigos. Solamente la Palabra de Dios es «viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb 4.12–13 - LBLA). Puede ser proclamada con suma sencillez, más su efecto será profundo y duradero porque esta es la Palabra que tiene vida.
Para proclamar Su Palabra necesitamos ser estudiantes de La Palabra. ¿Cuánto tiempo está dedicando al estudio diligente de las Escrituras? ¿Qué efecto tiene esto sobre su vida personal? ¿Sobre su vida ministerial? ¿Qué otras cosas puede hacer para crecer en el conocimiento de la Palabra?
sábado, 27 de febrero de 2010
La voz de Dios
Jehová volvió a llamar a Samuel. Se levantó Samuel, vino adonde estaba Elí y le dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate le respondió Elí. Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. 1 Samuel 3.6–7
Hay dos observaciones interesantes que se desprenden de este incidente en la vida del joven Samuel. En primer lugar, podemos afirmar que la voz con la cual Dios le habló al niño era tan parecida a la voz de Elí, que él llegó a confundirlas. ¡Solamente en las películas Dios habla con acento de España, y su voz retumba y resuena por los aires! En la vida real, las maneras en que Dios nos habla son fácilmente confundibles con las voces de otros, o aun con nuestras propias voces.
En segundo lugar, debemos detenernos un momento en la frase «Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada». Lo que vemos aquí es la descripción de un novato, una persona que estaba iniciando el proceso de aprendizaje que eventualmente lo convertiría en el gran profeta y juez de Israel.
Entender esto es importante. Hay un sentir en el pueblo de Dios de que la espiritualidad es algo que se hereda, o que se puede adquirir por la imposición de manos. Muchos creyentes andan de reunión en reunión buscando ese «toque» especial o esa «unción» que les convertirá automáticamente en grandes varones o mujeres de Dios. Se han convencido que la grandeza de las ilustres figuras en la historia del pueblo de Dios tenía que ver con alguna visitación especial hacia sus personas, o la posesión de algún don extraordinario que los apartaba de otros seres normales como nosotros.
La verdad es que la vida espiritual es algo que se cultiva por medio de un proceso disciplinado. Al igual que en el desarrollo del cuerpo físico, mucho del crecimiento espiritual que ocurre en nuestra vida depende de elementos que realmente no controlamos. A veces, ni siquiera entendemos las misteriosas operaciones que resultan en la transformación de nuestro corazón. Lo que sí es claro, es que hemos sido llamados a caminar en fidelidad con nuestro Dios y debemos permitir que él nos vaya conduciendo hacia la madurez.
En este sentido, no hay grandes saltos, ni avances repentinos. Ocasionalmente experimentamos visitaciones extraordinarias de su presencia, pero el crecimiento espiritual normal en nuestras vidas es producto de un proceso lento y pausado. A esto se refería el autor de Hebreos cuando escribía: «el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal» (Heb 5.14). Tome nota de la frase «por el uso». Otras versiones lo traducen «por la práctica». Sea cual sea la traducción, todas apuntan a un proceso de aprendizaje que incluye aun el equivocarse, como lo hizo el joven Samuel.
Alguien alguna vez observó: «Todos quieren ser algo en la vida; pero nadie quiere crecer». ¿Qué pasos está tomando para entender mejor los misterios de la vida espiritual? ¿Cómo «practica» para que sus sentidos estén ejercitados para discernir entre el bien y el mal?
Hay dos observaciones interesantes que se desprenden de este incidente en la vida del joven Samuel. En primer lugar, podemos afirmar que la voz con la cual Dios le habló al niño era tan parecida a la voz de Elí, que él llegó a confundirlas. ¡Solamente en las películas Dios habla con acento de España, y su voz retumba y resuena por los aires! En la vida real, las maneras en que Dios nos habla son fácilmente confundibles con las voces de otros, o aun con nuestras propias voces.
En segundo lugar, debemos detenernos un momento en la frase «Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada». Lo que vemos aquí es la descripción de un novato, una persona que estaba iniciando el proceso de aprendizaje que eventualmente lo convertiría en el gran profeta y juez de Israel.
Entender esto es importante. Hay un sentir en el pueblo de Dios de que la espiritualidad es algo que se hereda, o que se puede adquirir por la imposición de manos. Muchos creyentes andan de reunión en reunión buscando ese «toque» especial o esa «unción» que les convertirá automáticamente en grandes varones o mujeres de Dios. Se han convencido que la grandeza de las ilustres figuras en la historia del pueblo de Dios tenía que ver con alguna visitación especial hacia sus personas, o la posesión de algún don extraordinario que los apartaba de otros seres normales como nosotros.
La verdad es que la vida espiritual es algo que se cultiva por medio de un proceso disciplinado. Al igual que en el desarrollo del cuerpo físico, mucho del crecimiento espiritual que ocurre en nuestra vida depende de elementos que realmente no controlamos. A veces, ni siquiera entendemos las misteriosas operaciones que resultan en la transformación de nuestro corazón. Lo que sí es claro, es que hemos sido llamados a caminar en fidelidad con nuestro Dios y debemos permitir que él nos vaya conduciendo hacia la madurez.
En este sentido, no hay grandes saltos, ni avances repentinos. Ocasionalmente experimentamos visitaciones extraordinarias de su presencia, pero el crecimiento espiritual normal en nuestras vidas es producto de un proceso lento y pausado. A esto se refería el autor de Hebreos cuando escribía: «el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal» (Heb 5.14). Tome nota de la frase «por el uso». Otras versiones lo traducen «por la práctica». Sea cual sea la traducción, todas apuntan a un proceso de aprendizaje que incluye aun el equivocarse, como lo hizo el joven Samuel.
Alguien alguna vez observó: «Todos quieren ser algo en la vida; pero nadie quiere crecer». ¿Qué pasos está tomando para entender mejor los misterios de la vida espiritual? ¿Cómo «practica» para que sus sentidos estén ejercitados para discernir entre el bien y el mal?
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