Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo. Salmo 23.4
Tome nota de la razón por la cual el salmista está confiado. No es la esperanza de que sus circunstancias cambien, ni tampoco la idea de que puede tener una vida sin complicaciones, ni dificultades. Al contrario, el salmista se da cuenta que hay una buena posibilidad de que le toque caminar por el valle de sombra de muerte. La fortaleza de su postura frente a este panorama, sin embargo, es que tiene convicción de que el Señor estará con él, aun en las peores circunstancias.
¿Se ha detenido alguna vez a meditar en la cantidad de veces que el Señor dice yo estoy contigo? Los pasajes bíblicos donde encontramos reiterada esta frase parecen todos tener algo en común: Cada uno describe una situación que infundía temor en el protagonista de los acontecimientos. Jacob, por ejemplo, tenía miedo de volver a su casa porque su hermano había jurado darle muerte. El Señor lo visitó y le dijo: «yo estaré contigo» (Gn 31.3). Moisés, llamado a volver a Egipto, sintió temor porque creía que el Faraón procuraba su muerte. El Señor le dijo: «yo estaré contigo» (Ex 3.12). Josué se sentía atemorizado por la enorme tarea de guiar al pueblo en la conquista de la tierra prometida. El Señor le habló, diciendo: «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes porque Jehová, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas» (Jos 1.9). Cuando el ángel de Jehová llamó a Gedeón a liberar a Israel del yugo madianita, este sintió que era poca cosa para semejante tarea. Pero el Señor le dijo: «ciertamente yo estaré contigo» (Jue 6.16). El joven profeta Jeremías sentía que era inútil la tarea de tratar de proclamar la Palabra de Dios al pueblo. Eran muchos los que estaban en contra de él. El Señor le recordó: «Pelearán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo» (Jer 1.19). Hasta el valiente apóstol se sintió atemorizado por la oposición de los judíos en Atenas. Por medio de una visión de noche, el Señor le dijo: «No temas, sino habla y no calles, porque yo estoy contigo» (Hch 18.9).
Vivimos en tiempos muy difíciles en América Latina. La frágil estabilidad económica que habían logrado algunos de nuestros países se está desvaneciendo como la niebla matinal. En muchas naciones de la región los índices de desempleo aumentan inexorablemente día a día. Y, como si esto fuera poco, vivimos en un clima de creciente violencia donde cada vez nos sentimos más desprotegidos y vulnerables. Tiempos, en resumen, apropiados para vivir angustiados.
Qué hermoso, entonces, es recordar esta afirmación confiada del salmista. «Aunque pase por el valle de sombra de muerte... «¡tú estás conmigo!» Este tiempo de crisis tiene un valor inestimable para los que deseamos cultivar una vida de mayor dependencia de él.
Qué momento puede ser más apropiado que el presente para tomarnos fuertemente de su mano y decirle, como dijo Moisés, «si tu presencia no ha de acompañarnos, no nos saques de aquí» (Ex 33.15). Muchas veces no le sentimos; nunca le vemos. Pero él está con nosotros. ¡Adelante, entonces, sin temor alguno!
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viernes, 29 de enero de 2010
miércoles, 30 de diciembre de 2009
RECIBIR CONSEJOS
El que vive aislado busca su propio deseo, contra todo consejo se encoleriza. Proverbios 18.1
El libro de Proverbios contiene sabiduría y buenos consejos para quienes desean encaminar sus vidas conforme a los preceptos del Señor. El texto de hoy nos entrega una de los muchas perlas que están a disposición del pueblo de Dios.
La versión Dios habla hoy, traduce el mismo versículo: «El egoísta solo busca su interés, y se opone a todo buen consejo». El lenguaje es sencillo y directo, ofreciendo una descripción precisa del comportamiento que vemos a nuestro alrededor constantemente. Pero he aquí el peligro que corremos al leer el texto: podríamos estar tan concentrados en identificar a las personas que describe este versículo que descuidamos la oportunidad de realizar una reflexión personal al respecto, la cual podría ser mucho más provechosa para nosotros.
Resulta evidente que el que vive aislado solamente tiene interés en sus propias necesidades. Para cultivar un corazón compasivo y bondadoso es indispensable estar en contacto con otros. No obstante, el aislamiento es la tendencia natural de aquellos que han sido afectados por el pecado. Recuerde que lo primero que hicieron Adán y Eva, luego de pecar, fue esconderse el uno del otro y también de su Creador. Nosotros también, podemos estar rodeados de gente pero vivir aislados. Piense en el creyente que evita el contacto con el pecador, la congregación que evita el contacto con otras congregaciones, o las personas dentro de una misma congregación que solamente se juntan con los que son parecidos a ellos. El hecho es que el aislamiento ocurrirá sin esfuerzo alguno si no nos resistimos a la disposición natural de nuestro corazón.
El autor de Proverbios nos da una interesante pista acerca de cómo podemos evaluar si estamos evitando el contacto con los demás, o no. Nos dice que esta clase de persona «se encoleriza» contra todo consejo. La reacción no ha de sorprendernos, pues el que vive solo no disfruta de la sabiduría y amplitud de visión que solamente se pueden alcanzar en la interacción con los demás. Los consejos de otros inevitablemente entrarán en conflicto con sus propios intereses, por lo que siempre reaccionará en forma inapropiada. Por eso, es precisamente su reacción la que le puede dar la información más certera acerca del estado de su propio corazón.
¿Cómo reacciona usted cuando otros le dan consejos? ¿Los recibe con agrado? ¿Se enreda en argumentos y explicaciones para justificar su comportamiento? Su reacción puede ser la mejor forma de evaluar si usted está viviendo aislado o está cultivando relaciones de peso con las personas que son parte de su vida. Cuando se lleva tiempo en el ministerio es fácil comenzar a creer que solamente nosotros sabemos cómo deben hacerse las cosas. El líder sabio, sin embargo, siempre estará abierto, no solamente a escuchar, sino también a incorporar los consejos de otras personas en su círculo de amigos.
El libro de Proverbios contiene sabiduría y buenos consejos para quienes desean encaminar sus vidas conforme a los preceptos del Señor. El texto de hoy nos entrega una de los muchas perlas que están a disposición del pueblo de Dios.
La versión Dios habla hoy, traduce el mismo versículo: «El egoísta solo busca su interés, y se opone a todo buen consejo». El lenguaje es sencillo y directo, ofreciendo una descripción precisa del comportamiento que vemos a nuestro alrededor constantemente. Pero he aquí el peligro que corremos al leer el texto: podríamos estar tan concentrados en identificar a las personas que describe este versículo que descuidamos la oportunidad de realizar una reflexión personal al respecto, la cual podría ser mucho más provechosa para nosotros.
Resulta evidente que el que vive aislado solamente tiene interés en sus propias necesidades. Para cultivar un corazón compasivo y bondadoso es indispensable estar en contacto con otros. No obstante, el aislamiento es la tendencia natural de aquellos que han sido afectados por el pecado. Recuerde que lo primero que hicieron Adán y Eva, luego de pecar, fue esconderse el uno del otro y también de su Creador. Nosotros también, podemos estar rodeados de gente pero vivir aislados. Piense en el creyente que evita el contacto con el pecador, la congregación que evita el contacto con otras congregaciones, o las personas dentro de una misma congregación que solamente se juntan con los que son parecidos a ellos. El hecho es que el aislamiento ocurrirá sin esfuerzo alguno si no nos resistimos a la disposición natural de nuestro corazón.
El autor de Proverbios nos da una interesante pista acerca de cómo podemos evaluar si estamos evitando el contacto con los demás, o no. Nos dice que esta clase de persona «se encoleriza» contra todo consejo. La reacción no ha de sorprendernos, pues el que vive solo no disfruta de la sabiduría y amplitud de visión que solamente se pueden alcanzar en la interacción con los demás. Los consejos de otros inevitablemente entrarán en conflicto con sus propios intereses, por lo que siempre reaccionará en forma inapropiada. Por eso, es precisamente su reacción la que le puede dar la información más certera acerca del estado de su propio corazón.
¿Cómo reacciona usted cuando otros le dan consejos? ¿Los recibe con agrado? ¿Se enreda en argumentos y explicaciones para justificar su comportamiento? Su reacción puede ser la mejor forma de evaluar si usted está viviendo aislado o está cultivando relaciones de peso con las personas que son parte de su vida. Cuando se lleva tiempo en el ministerio es fácil comenzar a creer que solamente nosotros sabemos cómo deben hacerse las cosas. El líder sabio, sin embargo, siempre estará abierto, no solamente a escuchar, sino también a incorporar los consejos de otras personas en su círculo de amigos.
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